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lunes, 9 de octubre de 2017

Nacionalismo


Todo nacionalismo es delirante, sólo necesita un estímulo para activar su delirio, si ese estímulo es otro nacionalismo ambos se retroalimentan, uno genera la activación del otro y ambos aumentan su pequeño o gran incendio. Una situación así es la que estamos viviendo cargada de emociones que son fácilmente manipulables, es por eso por lo que se huye del debate para recargar continuamente la pistola emocional por la que disparar cuando uno crea conveniente. Ese uno no es el ciudadano de a pie que sale a la calle sino el político que carente de argumentos busca llenar de emociones todos los medios a su disposición, la pistola la carga él pero espera que sean otros muchos los que la disparen, para ello busca utilizar símbolos en los que esas emociones se descarguen (el que lidera ese proceso sueña con pasar a la historia también como tal); da lo mismo que lo que se busque sea que se llore ante ella o que se abuchee, todo nacionalismo necesita otro al que despreciar y acusar de los males, el símbolo se besa o se quema según sea necesario y nos hayan predispuesto a ello, una y otra actitud es el mismo tipo de emoción, el mismo pensamiento con nombre distinto, la misma irracionalidad sea cual sea el lado en el que pretendamos situarnos. El nacionalismo nunca puede significar progreso, siempre es marcha atrás, vuelta al pasado, sólo será posible avanzar cuando nos desprendamos de ese lastre, lastre que supone xenofobia, la creación de un extraño al que odiar pues nos roba, se aprovecha de nosotros y es manifiestamente inferior. Ese pensamiento nacionalista sólo lo puede propagar un vendedor de humos capaz  de llegar a convencer de que solo a través de ese camino es posible llegar al paraíso soñado, solo cuando podamos desprendernos de ese extraño que está entre nosotros y, de alguna manera, nos fagocita; cuanto más humo mejor, mejor podemos vender el producto, el gran problema es que para que aumente el humo, es necesario encender el fuego y el fuego no es fácilmente controlable, cuando se quiera disipar el humo nos podemos encontrar con que el fuego permanece y nos devora, hemos alentado el fuego  y aquello que creíamos controlar se nos va de las manos. Para hacer medianamente creíble ese producto es necesario generar una historia, una historia de héroes y villanos con acontecimientos en los que fijar un inicio o en los que justificar la situación en la que nos encontramos, la derrota de esos momentos ha de ser vengada. El villano de ayer es el de hoy, nosotros siempre seremos los héroes perdamos o ganemos. Ese relato, según una lógica histórica, siempre será ficción por mucho que lo repitamos, de tanto oírlo lo asumiremos, cuantos más seamos el coro que lo dice, mucho mejor, más convincente será. El rebaño da calor y seguridad, estar fuera de él intranquiliza, son necesarias agallas para enfrentarse a él, agallas y ser dueños de un pensamiento propio.
Todo nacionalismo guarda en su interior una buena dosis de fanatismo, una bomba de relojería que únicamente ha de ser activada, a distancia, para explotar. Este es, en realidad, el proceso en el que nos encontramos inmersos, el fanatismo genera placer pero no puede ser el principio del mismo el que oriente la actuación política como no puede ser una ética de las convicciones. Es la unión de ambas la que utiliza el aspirante a mesías, de esa manera satisface al populacho y, al mismo tiempo, elude responsabilidades. Manejar un principio de la realidad y una ética de la responsabilidad es complicado y sólo al alcance de un político de verdad. No quiere decir que no se actúe con arreglo a las convicciones ni que no se actúe buscando el placer de la mayoría, sino que se actúa teniendo también en cuenta las consecuencias de toda acción y, sin engañar, la necesidad, en ocasiones, del displacer No es bueno jugar con fuego, el fuego quema y no importaría si el quemado sólo fuera el político que lo ha encendido pero suele ocurrir que la quemada sea la mayoría de personas que le han seguido y que se han ofrecido, gustosamente, como leña.


domingo, 1 de octubre de 2017

Palabras para un matrimonio



Para Inma y Álvaro
La vida es un río en el que las dos orillas están separadas. El correr del agua no se detiene y esas orillas permanecen enfrentadas, el río avanza y en ocasiones el caudal disminuye y es posible pasar de una orilla a otra a pie, casi sin mojarse los tobillos, pero en otras ocasiones el agua avanza, su caudal aumenta y la velocidad se dispara, el paso de una orilla a otra parece casi imposible, es necesario prolongarse en el tiempo y cuando casi se ha perdido la esperanza de lograrlo encontramos un puente. Las dos orillas se unen con él, permanecen separadas, con vida propia, pero, de alguna forma, ya son una. Así ha de ser la vida, lograr una unidad pero sin perder la autonomía, sacrificar algo de una de las partes para beneficio de la otra. El río ha de avanzar lo máximo posible, así como su caudal, la vida interior de cada uno, pero siempre hay que tener un puente a nuestra disposición, el que nunca ha de desmoronarse para poder acercarnos de una orilla a la otra y, cuando sea necesario, poder volver. Mantener en pie ese puente es tan necesario como mantener nuestra propia orilla. El río avanza y  en ese avance encontraremos torrentes y cataratas por los que, a veces, nos dará miedo continuar, obstáculos que para nuestro dolor tendrán nombres cercanos a nosotros y cercanos en el tiempo, como el de Aurora. Pero tendremos que continuar hasta la desembocadura, la que adquiere vida propia, la que tiene su propio nombre, la que hoy se llama Pelayo.


Vivíd sedientos de vida y hambrientos de placer pero sin que la ansiedad os atragante ni el hambre de un placer os impida disfrutar de la enorme variedad de sencillos placeres que nos rodean.


Que vuestra familia sea un núcleo sólido que os defienda de los dolores del exterior pero que sea permeable a los demás. Este pequeño reducto es nuestro mundo pero no olvidéis que se encuentra en otro mayor al que no podemos ignorar por mucho que lo intentemos.


Que vuestra vida sea un continuo dar y recibir. No tenemos nada si no damos, no somos nadie si nadie se acuerda de nosotros y nuestro buzón permanece vacío.


Sin duda habrá confrontación pero que nunca sea de tal magnitud que no se pueda resolver con una caricia. Que en vuestra confianza siempre esté el por favor, el gracias y el perdón.


Que vuestra casa sea el reposo  del guerrero y de la guerrera, pero que esa comodidad no os haga cómodos ni haga caer el esfuerzo más sobre una persona que sobre otra.


Buscad la felicidad pero sabed que esta nunca es permanente. La felicidad no circula en ríos bravos sino en regatos tranquilos, no agota nuestro tiempo sino que nos encuentra por los pequeños rincones, no nos busca a pleno sol sino que nos acompaña en los crepúsculos, aún así, desde esta aparente pobreza, es la esencia que perfuma cada instante de nuestra vida y que nos guía en la salida del túnel.



 Sed felices, haced felices a los demás. Os queremos.






jueves, 14 de septiembre de 2017

Carta a un nieto que no tengo.


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Querido nieto que te encuentras únicamente en mi cabeza y en mi corazón. No sé si llegarás, como tampoco sé,  si así lo haces, si serás hombre o mujer, niña o niño, hoy por
hoy eres puro deseo, anhelo de una vida que va más allá de mí, que echa a volar cuando yo me encuentro en la despedida. Sólo necesito verte, la tristeza arrebata mi yo cuando me hago consciente de todo aquello que no puede hacer. Ahora veo las imágenes de los que tendrán que ser tus padres y percibo sus aromas, el sabor de sus rostros cuando les besaba y el peso de sus cuerpos cuando los tenía en brazos, cosa que no podré hacer contigo. Mis manos ya son incapaces de sostenerte, no podré sentir tu cabeza sobre mi hombro y besar sin descanso tu rostro. Sólo puedo imaginarte tumbado sobre mi pecho levantando la cabeza para mirarme sonriendo; ese pequeño cuerpo moviéndose sobre mi pecho. No puede demostrarse el amor sin contacto físico: no podré dormirte, no podré bañarte, no podré darte de comer ni sacarte a pasear. Pienso a menudo como podrás encariñarte con ese extraño y viejo ser que sólo podrá contemplarte desde esa rara silla o esa cama. Espero que mi mirada, mi sonrisa y mis palabras puedan hacer llegar a ti el inmenso cariño y la adoración ante la fuente de energía que supondrá tu nacimiento, en tu existir existiremos todos, cada uno de nosotros formamos parte de un solo ser y el principal objetivo de nuestra existencia es transferir la vida que hemos recibido, ser él punto y seguido de la naturaleza que formamos parte. Con nuestro actuar hacemos historia, con el tuyo también la haré yo. La vida es una simple  carrera de relevos y en cada uno de ellos permanece algo nuestro, puede ser un poco  egoísta que yo quiera contemplar hasta donde llega el mío.
Llegarás rompiendo a llorar, un llanto poderoso rajando el silencio, reivindicando tu lugar en este mundo; mientras mis lágrimas ya se derraman en silencio, caen lentamente inundando mi cara. Llegarás con  fuerza, acumulando cada día tu porción de energía, haciendo crecer el ego necesario para hacerte un hueco. Yo me iré escurriendo hacia la nada contemplando maravillado ese espectáculo de vitalidad. Es por todo esto por lo que quizás llegue tarde, el fruto de la vida me superará, lloraré de emoción  al verte y quizás de tristeza en la oscuridad de la noche soñando con el abuelo que me gustaría haber sido. Dirás qué todo lo que estoy diciendo no pasan de ser elucubraciones, fantasías de un viejo incapaz de adivinar lo que será o no será, pero con esas fantasías te hago nieto mío, te acuno, te beso, aun siendo una mera hipótesis ya te estoy queriendo.
En esta fantasía, todo mi cuerpo recupera su ser, hago un nido con mis brazos en el que todo el planeta tierra te acoge con alegría mientras yo te beso y me decido a esperar. No temas, la vida ruge a veces como un león desmelenado y en otras ocasiones te canta al oído como un jilguero. No te asustes, lo peor que puede ocurrir es que le tengas miedo, en una y en otra ocasión saldrás victorioso sí la huella que dejas es firme, es tu huella y no tú lo que perdurará. Ya estás viviendo a través de mi imaginación. Un beso muy grande en el que dejo colgada algo de mi vida para que tú puedas heredarla.



martes, 29 de agosto de 2017

HABLAR POR HABLAR




La globalización no es buena ni es mala, es sencillamente inevitable. Podemos plantearnos  como gestionarla pero nunca negarla sin más. El término “anti globalización” es un absurdo planteado en su literalidad como movimiento social de transformación; puede ser de alguna manera comprensible tratado como movimiento personal por el cual alguien decide adoptar un modo de vida contrario al dominante, movimiento que puede llegar a ser grupal siempre que cada uno de sus miembros adopte un modo de vida similar. Taparse la cara, romper escaparates o incendiar coches no va contra ningún sistema únicamente forma parte de la sección bárbara y un tanto descerebrada que todo sistema necesita para justificar ciertos niveles de represión. Esos jóvenes, una vez se deshacen de la máscara vuelven a ser tan integrantes del sistema como el resto más allá de la retórica que puedan esgrimir.
El movimiento antideslocalización, planteado como formando parte de ese otro mayor llamado anti globalización no pasa de ser una farsa. Pelear esa batalla, en justicia, sería combatir los derechos humanos y sociales de los trabajadores adonde han ido a parar las plantas de producción. Reivindicar su vuelta atrás en el fondo es demandar que la realidad permanezca tal cual, un Norte pudiente y desarrollado y un sur pobre y sobreexplotado. La globalización nos exige dos cuestiones:

·             La adaptación de las fronteras a ese mundo globalizado y la unión formal de los movimientos sociales capaz de enfrentarse a las nuevas problemáticas que surgen con la globalización. Los movimientos nacionalistas hoy no dejan de ser una iniciativa del pasado rancio  e inoperante vestida con ropas transgresoras de actualidad. La globalización exige recuperar de hecho el concepto de internacional mucho más allá de una retórica vacía. El internacionalismo ha de suponer una reestructuración de las relaciones internacionales económicas y de poder, que, de alguna manera, nos va a exigir un decrecimiento en el consumo de recursos naturales y un apoyo en el crecimiento de las infraestructuras económicas de los países más atrasados.

·             El empobrecimiento que puede suponer esa deslocalización debe intentar corregirse con la solidaridad, con el compartir. El empobrecimiento debería ser de todos pero empezar por aquellos que más tienen. Los fondos de solidaridad debería ser una práctica habitual en una sociedad como la nuestra, pero somos una de mucho hablar y poco hacer. Hacemos la revolución pero tranquilamente sentados en el café, toda acción social debe de ser cosa del Estado que nunca nos debe afectar al bolsillo, al menos al nuestro.

 Tomemos nota, llevémoslo a la práctica, pero ¡ojo! mi bolsillo el último.


viernes, 25 de agosto de 2017

Decir te quiero





Resulta contradictorio que en un país que se autodenomina como mayoritariamente católico y que tiene entre los mandamientos fundamentales el de “amarás a tu prójimo como a ti mismo” sea tan extraño escuchar un “te amo”. Hablar de amor es hacerlo de palabras mayores, decir te amo se encuentra reducido al ámbito de lo privado, fuera de esa intimidad sólo se generaría en esa persona un estado de perplejidad. Una declaración de amor viene a ser un propósito de vínculo que difícilmente puede extenderse más allá de una persona. Decir amor puede ser generar equívoco, provocar trastorno, incluso infelicidad; quizás el principal motivo para el uso escaso de esas palabras puede radicar en una triste realidad: raramente nos amamos a nosotros mismos, para intentar resolver esa contradicción es por lo que hemos buscado un sinónimo cuyo compromiso sea menor, que podamos decir alegremente sin vernos implicados por ello en una relación mayor, y aún así que poquitas veces decimos un te quiero, que poquitas veces lo escuchamos. Querer puede excluir el enamoramiento y puede resultar sinónimo de un término de afecto aún menor: el cariño, y aún así, insisto, que poco lo decimos, vivimos en una sociedad en la que mostrar afecto es difícil. Vivimos en la superficie, nuestro interior permanece vedado, solo la verbalización de nuestro pensamiento puede que nos haga conscientes del mismo; ese interior puede que nos resulte desconocido también a nosotros mismos si somos incapaces de transformarlo en palabras y gestos. Puede ser aquí donde encontremos el verdadero antisistema, el que evita la apariencia capaz de ser mercantilizada, el que se abre y es capaz de expresar su verdadero e indomable interior.


Propongámonos ser capaces de querer y ser capaces de expresarlo, de hacerlo en nuestros distintos ámbitos y distintos niveles, el del amor, el de cariño, el del deseo. Ninguno de ellos ha de avergonzarnos, únicamente es conveniente elegir el momento  y la forma. Es triste que uno pueda morir sin haber oído nunca un te quiero y es triste que uno deje pasar momentos importantes de su vida sin ser capaz de verbalizarlo y expresarlo de alguna manera, de hablar, de besar, de abrazar, de acariciar. Esa madre que hubiera pasado el día revoloteándole mariposas en el estómago si nos hubiéramos atrevido a pronunciar dos palabras tan simples, esos hijos que quizás hubieran roto sus barreras si hubieran crecido en un mundo de besos y palabras de amor, esas decisiones que hoy podemos lamentar no haber tomado. Querer a esa amiga que te lleva siempre a la risa y no dejar pasar la ocasión de decírselo, como a aquellos amigos y amigas que siempre saben estar en el momento justo, las que reaparecen  de pronto en tu vida abriendo espacios de felicidad.


Decir te quiero, sintiéndolo, es vivir el ahora. Escuchar constantemente tu interior y exteriorizarlo, descargar nuestro fuero interno y, de alguna manera, liberarnos, desprendernos  de esa carga que se nos va acumulando y taponando nuestra capacidad de expresión, nuestra libertad de pronunciarnos. En la medida en que seamos capaces de manifestar esa interioridad inhabitual y a veces dura lo seremos también para reivindicar nuestra minoría, para no temer quedar señalados. Decir te quiero, es también ser capaces de vincularlo al placer y al dolor, a la noche y al día, decirlo desde el gozo o de la tristeza, manifestarlo como la alegría de la vida o como la petición de perdón por tanto silencio. Decir te quiero es utilizar tu cuerpo, ser capaz de decirlo con una mirada, con una caricia, con un beso, superar tu espacio íntimo para invadir, sin agresión, el del otro. Lo importante del te quiero no es lo que consigues a cambio de la otra persona sino lo que consigues para ti mismo: la libertad, la felicidad de ser quien, en el fondo, siempre quisiste, la satisfacción de atreverte a mostrar tu yo.




martes, 1 de agosto de 2017

Memento morí





Seguro que más de uno recordará estas palabras y su origen, el siervo que tras el general que entraba victorioso por las calles de Roma en medio del clamor popular le recordaba una y otra vez que nunca olvidase que sólo era un hombre, un mortal, que todos esos vítores nunca le hiciesen creer que era un dios. Son quizás las palabras que con más frecuencia se hacen presentes en mi vida y ahora, al verlas tatuadas en el brazo de una persona muy querida, esa presencia se me ha agudizado.
Memento morí, recuerda que eres mortal, simplemente un hombre. No te dejes endiosar por los méritos conseguidos, estás hecho de la misma materia que el resto de los mortales, únicamente eres una amalgama de células, tu sangre también es roja y dejará de circular por tu cuerpo cuando mueras. Eres humano y habitas con ellos y dónde ellos. Tu Olimpo es artificial y podrá ser destruido por aquellos que pretendes mantener alejados de ti. Se abalanzarán sobre ti y descubrirás de golpe que tienes las mismas debilidades que aquellos que te golpean. El engreimiento es la mayor de esas debilidades. No perteneces a otra casta, tu linaje es sólo un artificio. Mira de frente a aquellos que contemplas desde arriba. Los ves, son como tú, con tus mismas necesidades, aquello que has conseguido no te convierte en mayor, en más grande, en intocable. Tienes la misma bajeza y la misma pequeñez, perteneces a ese pueblo llano, tus méritos no son solo para ti, sino también para ellos; en la medida en que te distancias no eres consciente que desapareces, te vuelves insignificante, sólo existes en la medida en que eres consciente de tu condición mortal. No olvides nunca que en la medida en que dejas de ser sencillo y humilde dejas de percibir muchas cosas importantes de la vida, las anteojeras que la soberbia te pone te impedirán ver todo aquello que para tu condición social pasa desapercibido, la mayor parte de la vida y la existencia de tus conciudadanos del mundo.
 Memento morí, recuerda que eres mortal, simplemente un hombre. Hoy te encuentras en lo más alto pero mañana caerás. Donde hoy has acertado mañana puede que yerres. La vida puede convertirse en un devenir tortuoso, lo que ayer fue dulce hoy puede ser amargo, donde saltabas de alegría hoy te inunda la tristeza. Naciste frágil y frágil morirás, la fortaleza debe residir en tu espíritu. Que no te invada la soberbia cuando venzas, como tampoco debe cundir el desánimo cuando caigas vencido. Te alzaste sobre ellos, mañana caerás a sus pies. Caes, levántate, duermes, despierta, lloras, ríe, temes, tranquilízate, retrocedes, avanza. Tu cuerpo no es una coraza, puede que mañana lo veas desmoronarse. Pilota si puedes un cuerpo desmadejado, mantén tu luz aunque la oscuridad te inunde, que esa luz sea también la de todos. Simplemente un hombre, todo un hombre.
 Memento morí, recuerda que eres mortal, simplemente un hombre. Morirás, aprovecha tu vida, aprovecha el momento, carpe diem. Naciste mortal, aprovecha cada instante de tu existencia. Tienes tantas cosas por hacer, tanto por ver, tanto por descubrir. Es hoy cuando puedes dar ese paso, no lo aplaces, no lo dejes para mañana. La vida está hecha de presentes. Es el presente de hoy el que te va a forjar el presente del mañana, no dejes que el tiempo haga las cosas por ti, sé protagonista de tu momento, responsable de tu quehacer; vive la vida, no desperdicies la ocasión que esta te brinda. Sonríe siempre qué puedas, acaricia, besa, acompaña, ríe pero también llora cuando sea necesario. Vivir no es solamente el momento de placer sino también, a veces, el del sufrir, la alegría y la tristeza. Son esos altibajos de emociones los que te forjaran como persona.
Memento morí, recuerda que eres mortal, simplemente un hombre. Nunca olvides que llegará el momento de morir. La muerte forma parte de la vida, marca el momento de llegada en el que has de estar satisfecho con lo que has hecho. No temas ese momento, afortunadamente el hecho de vivir no es eterno. Será inevitable la tristeza por todos aquellos que dejas atrás. Que la despedida no te llegue con perdones sin pedir. No somos perfectos, con frecuencia recordarás tus errores, el paso del tiempo te hará imposible corregirlos pero al menos muestra que has sido consciente de ellos y que esa conciencia te ha otorgado la humildad suficiente como para llegar al final con la generosidad necesaria como para disculpar los agravios recibidos y pedir disculpas por los realizados. En la vida harás daño sin desearlo, incluso queriendo a la otra persona, que las lágrimas que puedas verter por ello sirvan para recibir esa indulgencia. Que cuando te vayas el recuerdo que quede de ti en los otros sirva para endulzar tu ausencia y pueda orientar en parte su camino.


Memento morí, recuerda que eres mortal, simplemente un hombre. Grábatelo en ti.

martes, 25 de julio de 2017

La muerte: Dios y sus mediadores.


 Cuando Dios quiera”, esa es la expresión que a menudo se interpone entre una persona y la muerte. ¿Qué clase de Dios es ese? El que decide cuándo, cómo y dónde ha de morir uno, aquel que controla cada segundo de nuestra vida, aquel que nos la arrebata. La vida no es nuestra sino de Dios. Él nos la dio y él ha de quitárnosla. Vivimos de prestado en una vida que no es la nuestra y en la que una lotería nos otorga la riqueza o la miseria,  la salud o la enfermedad, la felicidad o la desdicha, y en la que este dios arbitrario nos condena a jugar con la baza que nos ha tocado, no podemos cambiarla, no podemos retirarnos del juego. ¿Acaso este dios disfruta con nuestro sufrimiento? ¿Se trata de un Dios inmisericorde? ¿Cuál ha de ser nuestra respuesta, la aceptación o la rebeldía? ¿Quién, en realidad, nos ha expropiado la vida? ¿Dónde está ese Dios? ¿Quién se ha concedido el privilegio para hablar en su nombre? Son esos mediadores los que se atribuyen el privilegio de otorgarnos la gracia de la salvación o disponen nuestra condena, los que establecen, incluso, el momento de nuestro perdón. Son ellos los que hablan mientras Dios permanece en silencio. Se ha plagado la vida de intermediarios, los jueces que han de mantenernos bajo control. Pero se les fue este control de las manos y entre la vida y la muerte se les han instalado otros dueños y señores: buena parte de los médicos. Su deontología parece exigirles una lucha hasta el final contra la muerte, aunque sea contra toda esperanza. Su éxito será arrebatar el cuerpo a esa muerte, aunque los restos que queden de ese cuerpo sean inanimados, aunque para ello agoten el cuerpo hasta la desesperación. No importa que en esa lucha contra la muerte el primer destruido sea el paciente.
Asisto a los momentos finales de un nonagenario con un único problema, no haber entrado en coma, es por eso por lo que el médico se resiste a dejarlo ir. Sin despeinarse, limpio, intachable,… intocable, ha tomado el mando en esta decadencia, a pesar de que el enfermo difícilmente responda a cualquier estímulo, a pesar de su rostro de agotamiento, a pesar de que todo aquel que se acerca es consciente de que está asistiendo a su final. Menos él, abanderado de la vida, se encuentra dispuesto a alancear a todo aquel que intente arrebatarle ese estandarte, incluso al propio enfermo. A pesar de que la mujer se lo demande, será su responsabilidad, le esgrime. Cómo cargar con esa culpa los días que le quedan. A pesar de que su sacerdote le haya dicho que le deje ir. Ya no es fe lo que le mueve, únicamente es fanatismo. También en la ciencia podemos encontrar fanáticos. Dictador de bata blanca, ejerce su absolutismo sobre todo aquel que se le pone a mano. Cesar que no aprendió el sentido de la palabra piedad.
Ese dios, si existe, no merece ser llamado como tal si es tanta su falta de compasión. La muerte acoge piadosamente al ser humano cuando ya no puede más con su vida, cuando el cuerpo que la mantiene se encuentra agotado, cuando ya cada minuto carece de sentido. La muerte forma parte de esa vida y esa es su función, pero los mediadores artificiales se empeñan en interrumpir su ciclo natural. Se nos ha arrebatado el derecho a decir basta, hemos dejado en manos de extraños el qué hacer con nuestra propia vida y nadie se atreve a corregir a un dictadorzuelo coronado por una sabiduría técnica pero carente de la más mínima sabiduría humana. Tememos ir contra Dios pero ese dios no existe, de hacerlo sólo ir contra él nos daría cierta libertad. Ese Dios no existe, sólo ha sido inventado para engordar el poder de esos mediadores. Sólo un Dios que llore, que comprenda nuestro sufrimiento y que se haga cargo de la necesidad que podamos tener de librarnos de la vida cuando esta supone una carga insoportable merecería nuestra fe, el que sea nuestro aliado y no un riguroso juez. Un Dios que también es muerte, pero no aquella que viene a castrar una vida en flor y que convierte en tragedia y sufrimiento el último periodo de la existencia, sino una muerte que acoge, es piadosa, hace descansar y, paradójicamente, sana.