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martes, 23 de diciembre de 2014

EL IDEAL


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El ideal no existe, es el sueño que se nos encalla en la cabeza y que guía nuestros pasos para acabar a veces zozobrando tras chocar contra él.

El ideal es, si acaso, un momento: una caricia, un orgasmo, el gesto de un niño, una mirada tierna, la sonrisa que te abraza de golpe y hace que te enredes en ella y, en adelante, hace que andes de cabeza en su busca.

El ideal es a lo sumo ese momento y los puntos suspensivos que genera y que son los instantes que te dan derecho al recuerdo. Ese que justifica una vida o que se convierte en la soga con la que tú mismo te ahorcas. 
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domingo, 21 de diciembre de 2014

PALABRAS


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Te decía ayer que somos grandes y pequeños a la vez y que una cosa no debe hacer olvidar la otra. La vida es dura y son inevitables los momentos que nos hacen sentir pequeños, frágiles como una pequeña flor, temerosos de que se nos vayan arrancando los pétalos. No importa cuan grandes e importantes nos creamos o nos crean los demás, tendremos momentos así por mucho que intentemos ocultarlos. Pero nuestra debilidad no debe hacernos olvidar nuestra grandeza, lo grandes que somos y que podemos llegar a ser. Pero de la grandeza que hablo ahora, no lo olvides tampoco, es la que va acompañada de la pequeñez, la que se siente humilde por mucho que le alaben los otros, la que se sabe tenue y quebradiza a pesar de la fortaleza que muestre, la que conoce su talón de Aquiles y que por paradójico que parezca defiende la delicadeza y sutileza que conlleva todo eso y que comporta la sensibilidad ante los demás. Esa es la vida, la que te hace sentir héroe y maldito, en la que pareces caminar sobre el alambre siempre a punto de perder el equilibrio y caer en el abismo pero también la de los abrazos que te reconfortan y que te ayudan a asumir el riesgo que la vida supone en sí misma.

Dijo Pedro Salinas, “Que alegría vivir sintiéndose vivido”  y así es. Que alegría ese vivir en otra persona, algo que no podemos forzar, sólo si ha de venir vendrá mientras tanto nos toca andar el camino y dejar, que en el descanso, se siente a nuestro lado todo aquel que tenga algo que decir, que gocemos en compañía cuando nuestra mirada se pierde en el horizonte, que nos arremanguemos a jugar con los niños que salgan a nuestro paso y aminoremos la carga que el anciano lleva sobre sí, que sepamos reír con quien ríe y llorar con quien llora, que seamos capaces de levantar la mirada del que la arrastra y se arrastra con ella continuamente y abajar la de aquel que se pierde entre las nubes y, por lo tanto, ni encuentra ni es encontrado, que cuando sea necesario nos retiremos a la soledad y saber disfrutar de ella, de su silencio y sepamos escuchar allí lo que el ruido a menudo nos impide. Y en ese devenir alguien se unirá a ti y te vivirá y la vivirás, y se quedará contigo o se marchará para dejar su lugar a otra persona. Y en todos esos momentos a veces te  sentirás héroe y campeón y en otros pequeño y quebradizo, es entonces, cuando te sientas gigante cuando debes recordar lo minúsculo que eres y cuando te veas diminuto la grandeza que guardas en ti. 
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lunes, 17 de noviembre de 2014

CENICIENTA


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¿Cómo descubrir las grandes personas? Llevan su enormidad escondida en algún bolsillo de su ropa y raramente se atreven a mostrarla, ocultan su lámpara bajo el celemín que entre todos les hemos colocado, pero, silenciosamente, dan un paso hacia delante cuando el resto lo dan hacia atrás, abren sus brazos cuando los demás se encuentran preocupados en cerrar sus puños y sus lágrimas resbalan por su rostro en un llanto que queda ahogado por las carcajadas de la inmensa mayoría. La vida no es un cuento pues en ella los zapatos de cristal verdaderos son hurtados por la llamada gente despierta y las cenicientas muy ocasionalmente abandonan su lúgubre labor. Pero las auténticas princesas se encuentran de fregonas limpiando los suelos de rodillas o andan quitando cacas y mocos; muy raramente, por no decir casi nunca, tienen título de infantas o son estrellas de la televisión.  A la cenicienta, en la vida real, o no se le deja entrar a palacio o se encuentra en su casa de vuelta a la fuerza mucho antes de las doce de la noche. Y, sin embargo, uno se puede sentar ante ellas y dejarse bañar por su sonrisa a pesar del dolor acumulado y sentirse alegremente dependiente porque sabe que con ella siempre podrá alumbrar el sol al final del túnel.

sábado, 25 de octubre de 2014

EL MESÍANISMO





 
 
Y extendió Moisés su mano sobre el mar, e hizo Jehová que el mar se retirase por recio viento oriental toda aquella noche; y volvió el mar en seco, y las aguas quedaron divididas. Entonces los hijos de Israel entraron por en medio del mar,  en seco, teniendo las aguas como muro a su derecha y a su izquierda. Y siguiéndolos los egipcios, entraron tras ellos hasta la mitad del mar, toda la caballería de Faraón, sus carros y su gente de a caballo.
Aconteció a la vigilia de la mañana, que Jehová miró el campamento de los egipcios desde la columna de fuego y nube, y trastornó el campamento de los egipcios, y quitó las ruedas de sus carros, y los trastornó gravemente. Entonces los egipcios dijeron: Huyamos de delante de Israel, porque Jehová pelea por ellos contra los egipcios.
Y Jehová dijo a Moisés: Extiende tu mano sobre el mar, para que las aguas vuelvan sobre los egipcios, sobre sus carros, y sobre su caballería.
Entonces Moisés extendió su mano sobre el mar, y cuando amanecía, el mar se volvió en toda su fuerza, y los egipcios al huir se encontraban con el mar; y Jehová derribó a los egipcios en medio del mar. Y volvieron las aguas, y cubrieron los carros y la caballería, y todo el ejército de Faraón que había entrado tras ellos en el mar; no quedó de ellos ni uno. 

 EXODO

El mesías libertador dirigiendo a su pueblo hacia la tierra prometida, atravesando las aguas del Mar Rojo. Vientos de mesianismo flotan a nuestro alrededor, aires de mesías con los que algunos sueñan.
El principal problema del mesías no se encuentra en él sino en el mesianismo, en nosotros, en aquellos que confiamos ciegamente en él. El que creemos mesías no es sino un ser humano y como tal, frágil, falible, mortal, perecedero. El que creemos mesías no es Hijo de Dios, no existe palabra de Dios toda palabra es del hombre, todo aquel que se haya proclamado su mediador o bien estaba loco o nos ha engañado. Nadie es imprescindible, si a él le otorgamos esa consideración nos consideramos prescindibles a nosotros mismos y somos nosotros, cada uno de nosotros, los que somos necesarios, imprescindibles. Lo somos para dejar nuestra huella, lo somos para asumir el complicado equilibrio de pensar por nuestra cuenta, el riesgo de opinar, la insustituible necesidad de amar, la difícil capacidad de compartir, la lucidez y valentía para situarse frente a la masa, decir sí cuando todos esperan que digas no y no cuando todos esperan que digas sí.
Si creemos a alguien imprescindible todos somos prescindibles, pero es el medio, la organización, la institución la que lo es. Si no es así el instrumento sustituye al hombre y es a éste al que hay que sacrificar si es necesario. Convertir el medio en fin es la gran estrategia embaucadora para situarse ellos en él. Es el hombre el sacrificado para beneficio de algunos hombres.
Pero es cómodo sentirse formando parte del pueblo elegido; nuestros límites se difuminan, somos capaces de ignorar nuestra fragilidad, formar parte del pueblo elegido supone creernos elegidos nosotros también. Uno puede formar parte del pueblo pero no del elegido porque no existe tal. No hay pueblo elegido por el Altísimo, pero sí el pueblo elegido por cada uno de nosotros. El pueblo a elegir es el que nunca es elegido.
Sin embargo, en una sociedad en la que reina la mediocridad más absoluta es muy difícil no sentirse tentado por el mesianismo, creer en la posibilidad del libertador y de la tierra prometida así como la necesidad de identificar al opresor y hacerlo con facilidad, identificar al apestado al que hay que mantener cuanto más lejos mejor. En esa situación es fácil otorgar la calidad de mesías a lo más vulgar y mezquino y de tierra prometida a una estampa que es más de lo mismo aunque cargada con nuestros sueños. No hay mesías que valga si nosotros no somos libertadores ni hay libertad sin cadenas que nos exijan serlo permanentemente.

viernes, 24 de octubre de 2014

RED DE AZARES


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La vida es una tupida red, compleja y a menudo sorprendente. Se trata de una partida que se está jugando hasta el final y es hasta ese final cuando no sabes si eres ganador o perdedor o incluso tablas. Difícilmente puedes decir aquí tuve suerte y aquí no pues todo se encuentra entremezclado y una cosa te lleva a la otra. No se trata solamente de los naipes que caen en tus manos sino también de cómo los juegas. Lo que hoy te hace venirte abajo pudiera ser que mañana, al volver la vista atrás, te hiciera sentir afortunado. Sin aquello no hubieras podido tener esto otro que hoy tienes, todo es un encadenamiento que has de vivir hasta el final. Has de vivir el momento pero también has de relativizarlo. Saborear a fondo la sonrisa que te produce pero que no ha de impedirte seguir caminando, un camino en el que con naturalidad, conforme avanzas, esa sonrisa se te irá borrando. Sentir el llanto que te genera pero que tampoco te ha de impedir caminar pues también ese llanto se te irá borrando. La oscuridad del túnel puede llevarte a la deslumbrante luz de la salida. La tormenta que te empapa puede ser la ocasión para sentir el cariño de las manos que te secan, la sequedad del desierto te hará disfrutar más a fondo del agua del oasis, la ocasión que perdiste puede haberse encarnado hoy en la mujer que te ama o en el hijo que te llevará más allá de tu vida. Sin esa pérdida no tendrías hoy este encuentro. El azar no es algo puntual, la vida es esa tupida red de azares a la que tú has de estar abierto para no desperdiciar ese dulce mañana que puede estarte aguardando.

viernes, 5 de septiembre de 2014

Elogio de la imperfección


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 ¿Existe lo perfecto más allá de la imperfección? ¿La pureza más allá de la impureza? ¿El todo más allá de la parte? Lo completo siempre está por acabar, el todo no existe más allá de la  acumulación de sus partes, existen estas del mismo modo que existen otras, el todo siempre está por llenar, se trata de un concepto relativo que se vuelve arma agresiva en el momento en que se absolutiza, en el que se cierra para excluir de él al otro. La pureza absoluta es en sí misma impura, sucia a fuerza de intentar ser limpia, corrupta por llegar hasta el extremo de una integridad exageradamente intachable.
Qué es la putrefacción sino un sacrificio del cuerpo para generar nueva vida. La desaparición de nuestro ser es la condición para la aparición de unos nuevos. En la cadena de la vida es la degradación total el eslabón necesario para la continuación de esto. No somos el centro, somos una minúscula parte de un proyecto que siempre nos desbordará. 
Qué es el ser incompleto sino un ente en busca de otro, la base del cuerpo social. El ser pretendidamente autosuficiente muere en la esterilidad social. Hemos nacido para buscar nuestra complementación, esa necesidad es el fundamento de la sociedad. El hombre, animal político, responde a su propia naturaleza, no a una supraestructura de la misma. No enredarse en la red social es renegar a la esencia humana.
Qué es la duda sino una apertura a un conocimiento más profundo, una condición para la escucha. Nuestra percepción no es sino una parte de la realidad, ésta siempre nos desborda, su descripción no pasará de ser simbólica, un intento de aproximación. El acercamiento a la misma nos regalará respuestas que abrirán nuevas preguntas. Cuando dejemos de tener interrogantes el cerebro se nos detendrá, se empequeñecerá, se anquilosará. La certeza solo muestra una evidencia: hemos dejado de ser humanos.
Qué sino la debilidad nos acerca a los otros, nos hace miembros de una misma especie, aquello que nos hace sensibles a los otros, capaz de hacernos  captar lo trascendente del día a día, su belleza, su música, su  valor. La rigidez de la piedra nos hace impermeables. Solo es fortaleza la que se hace desde las heridas y reconoce sus puntos débiles, la que no genera corazas sino que desarrolla estrategia, la que no se convierte en roca inconmovible, insensible a su entorno, que no anula sus emociones sino que las controla, que no pone en juego su furia sino su inteligencia. Es el ser maleables lo que nos permite el cambio.
Qué es la enfermedad sino el reconocimiento de nuestro ser mortal. ¿Podemos imaginar algo más insano que una sociedad completamente sana, sin daño, sin lesión, sin defecto alguno? Es nuestro memento mori permanente, el siervo que ante las tentaciones de soberbia nos recuerda que moriremos, que somos humanos y no dioses, el acontecimiento que nos empuja hacia la humildad, aquello que nos descorre el velo que nos cubre los ojos y nos oculta la realidad, lo que nos descubre su fragilidad, nuestra fragilidad, su complejidad, sus contradicciones. Aquello que nos hace posible alcanzar un grado más de humanidad. 
La belleza, a menudo, se descubre en silencio. Lo que vamos construyendo siempre peca de ruido. Qué es la amalgama de palabras que pronunciamos sino ruido. Ruido lo que necesitamos para no quedarnos a solas con nosotros mismos, para evitar hundirnos en el fango en el que hemos construido nuestro hábitat, para no escuchar nuestro enorme silencio y aprender de lo que nos dice. Es en él, en el silencio, donde es posible establecer la comunicación de las miradas, de los abrazos, de las caricias, de los besos, aquello que surge del otro y resuena en mí acercándome a él o alejándome. Es aquello que nos permite mantener el ritmo de la vida.
Qué es el fracaso sino la antesala del acierto, caminamos hacia él de frustración en frustración. No aprendo a levantarme sino cayendo. Solo aprendo a mirarme al espejo reconociendo mis propias decepciones, recuperando del vidrio el yo que soy y no el que imagino, el que carga con mis máculas y no el impoluto que me gusta mostrar a los demás. Es el revés el que nos evita llegar a ser el hombre de éxito que termina muriendo de sobredosis de soledad, cuando el engaño con el que nos narcotizamos ha dejado de funcionar.
Lo perfecto no existe, el mundo perfecto da miedo, sucios de un exceso de higiene, clones, asustadizos con miedo a la más mínima heterodoxia. Nunca está todo dicho, siempre hay una palabra que agregar, nunca está todo sabido, siempre queda alguna cosa por conocer. Es el descubrimiento de los defectos lo que nos incita a la mejora , lo que nos acerca al horizonte, siempre inalcanzable, siempre lejano y nos mantiene en el presente, siempre imperfecto, siempre humano.

martes, 12 de agosto de 2014

MUDANZA

           


La mudanza es ocasión para desprenderte de buena parte del ego que has ido acumulando con los años en forma de objeto, para soltar lastre que olvidaste tenías pero que recargaba tu paso y ralentizaba tu vida, pero también es momento para el reencuentro con aquel que fuiste y quedó sepultado bajo la desidia que los años fueron fabricando, con lo que soñaste y ya creías que algún ventarrón se había llevado, con lo que te rodeó y te fue haciendo y continúas llevando dentro de ti aunque desconozcas el lugar donde se encuentra pues ya es pura esencia de ti, aquello sin lo que nada serías, aquello por lo que fuiste y nunca dejarás de ser,


Amaneció un nuevo día
envuelta en la nube de todos los días.
Se dolió de un hueco en el abdomen
como le dolían todos los huecos sin rostro.
Sorbió una lágrima que resbalaba,
como hacía con todas sus mutiladas lágrimas.
Sin advertir
que entre sus párpados alumbraba el cielo,
que en sus labios germinaba un beso interminable,
que en las axilas florecían sonrisas,
que sus pechos ya estaban amamantando libertad,
que por su espalda ascendían camelias trepadoras,
que de sus costados brotaban ríos de risa,
que por su vientre se derramaba un bello bálsamo
que ahuyentaba nubes,
rellenaba huecos,
enjugaba lágrimas;
sin advertir que esa noche
una madre titilaba al final del pasillo.




Se creía un cuerpo triste
sin advertir
que otro cuerpo alumbraba sus perfiles
aún en la misma noche.
Se creyó niña
sin advertir
que un cuerpo ansiaba hacerla madre
crepitando su dulzura entre las ascuas de su tristeza.
Se creyó fauna nocturna
pero una mariposa revoloteaba con ella mientras el sol ascendía.
Se creía silencio inmóvil
pero la ternura le dibujaba una nueva oportunidad.
Se creía barro estéril
sin saber que era Dios que jugaba al escondite con forma de niño.

lunes, 11 de agosto de 2014

LA CLÉPSIDRA


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Esa es la vida, entregar el testigo de una vida que desconocemos cuando se inició y cuando concluirá. Somos espectadores, pero todo es un escenario en el que no podemos librarnos de la responsabilidad de actuar. La obra continuará y nosotros nos despedimos de ella dando el pie correcto para la siguiente intervención.



El árbol se va quedando sin hojas mientras yo contemplo su caída,

unas a peso,

otras danzan leves dudando donde caer.

Yo, espectador absorto, no entiendo bien qué hago allí,

quizás en busca de savia derramada,

haciéndome yo mismo humus,

observando el paso del tiempo

en esa clepsidra en la que estoy inmerso.

Transcurre mi existencia presenciando esa caída,

el suceder de estaciones que me van transformando en fertilizante,

simple materia orgánica en descomposición

a la espera de la utilidad que no conoceré.



viernes, 8 de agosto de 2014

COCTELERA


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Cualquier punto de apoyo es una apuesta en firme para la caída.
Intento levantarme. Resbalo. Caigo al suelo. Una vez más. De nuevo ha habido suerte, no me he hecho nada, solo un golpe y castigada de nuevo la confianza en mí mismo. Tumbado en el suelo soy incapaz de incorporarme, mis brazos y mis piernas son un objeto inútil. Al lado de la cama, encajonado entre la mesita de noche, el armario y la silla de ruedas, pienso. Tranquilo. ¿Cómo poder levantarme sin desencadenar la alarma? Siento. Estoy tan cansado.
En estos momentos, en la radio, la enésima víctima en Gaza. Pura estadística. Un nuevo cuerpo destrozado. ¿Quién lo cogerá en sus brazos? ¿Alguien lo cubrirá? No oigo nada de Siria. ¿Qué ocurrió con ellos? ¿Desapareció del mapa? ¿Acabó todo? ¿Pasó de moda? No se puede acumular tanta desgracia, no es soportable, no es vendible.
Mi cuerpo, moderadamente roto, busca el móvil encima de la mesita para poder llamar a mi hijo. Es tan humillante la escena. Caído, la orina se me escapa formando un charco a mi alrededor. El poder del padre se desvanece. ¿Es esta la imagen que se espera de mí? Pienso en el cuerpo destrozado de ese niño en Gaza. ¿De qué he de sentir lástima en mí? ¿Tengo derecho a ella?
En el periódico de hoy viene la foto de un descerebrado exhibiendo cinco cabezas cortadas al enemigo. Presiento que llevará a ese enemigo, toda su vida, dentro de él allá donde vaya. La epidemia del ébola se extiende y se sigue cobrando vidas, otro descerebrado francés, que también arrastrará toda su vida al enemigo bromea sobre el servicio que esta epidemia puede prestar a nuestra sociedad. 
Llamo a mi hijo que se encuentra durmiendo y que espero tenga su teléfono encendido. Afortunadamente así es y en pocos minutos se encuentra conmigo. Le pido que cierre la puerta. No es estampa agradable ver al padre caído y mojado en orina. El hombre que va desapareciendo en mí va apareciendo en él y, por tanto, es capaz de levantarme del suelo y depositarme en la cama. No puedo quedarme mojado y sucio como estoy. A partir de aquí le voy dando instrucciones, recuerdo los pasos que sigue mi mujer, no es la primera vez que me pasa algo así.
Una nueva muerta por violencia de género en nuestro país, hoy degollada, ayer se le levantó la tapa de los sesos. Se supone que ese espécimen criminal es de mi especie y de mi género, se supone que no tiene nada que ver conmigo y a pesar de eso me siento avergonzado.
Me gira para poder poner una toalla sobre la cama y bajo mí. Me despoja de los pantalones del pijama. Coge una palangana y la llena de agua caliente y jabón. Con una esponja me va limpiando el sexo y los muslos. Lo observo. Me pregunto qué se le estará pasando por la cabeza. Los papeles han sido cambiados demasiado pronto pero él desempeña el suyo con naturalidad, con una sorprendente naturalidad. Siento deseos de llorar, no sé si de tristeza o alegría, si de lamento por el estado en que me veo o de reconocimiento por la suerte que tengo dentro de él.
EE UU lanza unataque contra posiciones yihadistas en Irak. Jordi Pujol hace acto de contrición porque tiene demasiado dinero y no sabe qué hacer con él. Estela tiene 27 años y sufre un grado reconocido de dependencia del 85% debido a una parálisis cerebral de nacimiento. Los recortes en dependencia afectan a su día a día.
Limpio ya procede a secarme. Me pone la ropa interior y unos pantalones cortos. Le explico como se hace sin necesidad de incorporarme. Girándome hacia un lado y hacia otro me viste y retira la toalla que hay bajo mí. Listo para iniciar el día. ¿Ha ocurrido algo?
No sé qué pensar, no sé qué sentir. Todo se agita en mi interior como en una coctelera. A qué tengo derecho y a qué no. Cuál será el resultado de toda esa mezcla. ¿Qué será de mí? ¿Qué será de ellos? ¿Qué haré de ellos? Cuál será el producto de estas lágrimas.

viernes, 27 de junio de 2014

CRISTINA, MANUEL Y SUS COTIDIANIDADES

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Que suerte tiene Cristina de Borbón, hasta los fiscales actúan como abogados defensores, los comportamientos que se ven como cotidianos son, en su caso y como tales, exculpatorios. Ignorantia juris non excusat, la ignorancia de la ley no excusa de su  cumplimiento. En su caso sí por ser vos quien sos. La ocupación de espacios de poder y riqueza debería a obligar más a la ejemplaridad, a hacer buen uso de los mismos. Debería ser mayor la meticulosidad exigida a estas personas que al resto de los mortales. Sin embargo, parece al revés.

En estos días, en las portadas de algunos medios de comunicación locales, Cristina se ve expulsada por las fotos y titulares de Manuel y sus hermanos. Sin rebajar, de ninguna manera, la brutalidad cometida por ellos, hay para mí una diferencia, yo no conozco a Cristina y sí conozco a Manuel. ¿Alguien valorará mínimamente la cotidianidad de Manuel? Seguramente no, él es de etnia gitana, culpable de entrada, habrá de demostrar su inocencia. Cristina es paya y de buena cuna, inocente por tanto, esa inocencia se presume. El mero hecho de juntar en el mismo escrito ambos nombres ya muchos lo considerarán insultante. Manuel ha destrozado su vida si es que no la tenía destrozada ya anticipadamente siendo quien era, estando donde estaba y, por si no bastara con ello, cargando con una enfermedad crónica. ¿Quién llorará por Manuel, por su maldita suerte? Él ya ha ingresado en prisión, hacer mención de lo mismo para Cristina volverá a sonar insultante. Hay palabras que se pueden asociar sin problemas como gitano y carcel, no hacen falta muchas vueltas para unirlas.

La justicia no es igual para todos, de ninguna de las maneras, pero mucho antes que esto hay que decir que la vida no es igual para todos. ¿Qué hubiera sido de Manuel en el lugar de Cristina? ¿Qué hubiera sido de ella en el lugar de éste? Maldito destino el que les espera a los pobres para los que muchas veces ni la locura es una opción. Aún detestando completamente la enorme estupidez y barbaridad cometida ¿me está permitido decir que sigo creyendo que Manuel era (podía ser) buena persona? Que lo puede ser todavía. Es mucho mayor el mérito de una persona como él por el esfuerzo de llegar a serlo aun cuando se acabe en fracaso que el dejarse llevar, sin más, de una señorita como Cristina. Hoy ella dormirá enfadada pero en la “cotidianidad” de su casa suiza, Manuel lo hará en prisión, también, es posible que esa haya de ser su cotidianidad. Descansemos tranquilos, todo está en orden.