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miércoles, 9 de abril de 2014

BANDERAS


 
Envuelto en la bandera se sentía el líder de todo un pueblo, su mesías. Las promesas que le nacían de su boca las sentía como hechos incontestables que marcarían la historia y que estarían asociados a su nombre para la eternidad. Un pueblo que se sentía cada vez más sujeto protagonista de esa historia en la medida en la que se veía envuelto en esa bandera y se disolvía en ella. No le importaba desaparecer en ese magma si a cambio se veía formando parte de un colectivo que le otorgaba la razón de ser que siempre había echado en falta. Se sentía no sólo escribiendo el futuro sino también reescribiendo el pasado de su comunidad y de la enemiga. Una no puede crecer sin que crezca también la estatura de su antagonista para tener un rival al que oponerse. En ese rival, otro también envuelto en su bandera se sentía el dique que frenaría esas ansias liquidacionistas, la historia también le había elegido a él para esa labor y lo había recubierto, por la gracia de Dios, de los colores que la genética le había negado. Otro pueblo envuelto en sus banderas clamando justicia divina. Pero los vítores y el clamor para el combate que enardecían a las dos partes no podían ocultar la realidad aunque pocos la vieran, debajo de las banderas se encontraban en cueros,  estas sólo servían para tapar sus miserias corporales.

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