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viernes, 16 de junio de 2017

AFORISMOS (I)



1.          La pureza del nosotros es debida a la impureza del mestizaje.

2.       Toda nación tiene su principio y su final. El mérito de los gobernantes es que a ese final se llegue sin sangre.

3.         El todo exige la soberanía para decidir sobre la parte y la parte reivindica la soberanía para decidir por sí sola. Pero cuando la parte se transforma en todo exige la soberanía sobre sus subpartes negando a estas la posibilidad de decidir por sí solas.

4.         Toda nación crece gracias al rechazo al otro.

5.         La nación a la que pertenecemos puede cambiar de nombre, pero es posible que el poder no cambie de manos aunque cambien sus apellidos.

6.         La patria por la qué sientes tanto seguramente la odiarías si fuese tu nación vecina.

7.         Es nuestro pecado idealizar a aquellos que veneramos sin llegar a asumir que todo rey está desnudo.

8.         La pureza de la que presumimos también pueden envenenarse, pero el sabor del veneno es tan dulce que no llegamos a percibirlo como tal.

9.         Una persona crítica siempre es incómoda en un aparato.

10.   Si mi pensamiento es crítico, mis seguidores, si los hay, no pueden estar de acuerdo en todos y cada uno de los puntos, si es así no son seguidores míos.

11.   Aquel dispuesto siempre a cambiar su discurso sólo tiene un interés: permanecer en el poder.

12.   Nuestros cambios de opiniones en la vida sólo ponen de manifiesto una cosa: siempre estamos en el error.

13.   Aquel que ha cambiado de opinión en distintas ocasiones de su vida y siempre cree poseer la verdad absoluta lo único que demuestra es su engreimiento y gran ignorancia.

14.   Pienso, luego estoy equivocado.

15.   Mi mirada que parece juzgar no viene tanto del ánimo censor por mi sabiduría, como de la observación por mi ignorancia.

16.   ¿Quién soy yo para sacar a alguien de lo que yo considero error, si ese alguien es feliz y bondadoso con ello?  Si mi intervención hace que se desmorone y únicamente le genera infelicidad, tengo la respuesta: no soy nadie.

17.   Para mis células yo soy su dios, pero solo soy una hipótesis imposible de demostrar.

18.   Yo puedo ser un dios para mis células, pero las desconozco, no soy omnisciente, ni puedo hacer con ellas lo que quiera, no soy omnipotente.

19.   Yo me encuentro en manos de mis criaturas, mis células, pero ellas no están dependiendo de mi.

20.   La espiritualidad rodea la acción, va por delante de ella, se encuentra por debajo y por encima de todo paso y empuja a actuar en la vida.  

21.   El ser espiritual no levita flotando por encima de la realidad sin mancharse con ella sino que siente la necesidad de intervenir en la misma.

22.   Siempre tenemos la obligación moral de preguntarnos por las consecuencias de nuestras acciones. No podemos renunciar al pensamiento crítico e intentar quedarnos al margen como simples espectadores.

23.   No tener futuro no tiene por qué suponer no tener presente, al contrario, se puede vivir en un presente perpetuo.

24.   Cuando uno depende de otra persona para sobrevivir, esta persona también depende de él. Dos santos atrapados en un infierno.

25.   Buena parte de aquello que hoy amamos y nos sentimos orgullosos, no hubiera sido posible sin los dolores y tinieblas del pasado.

26.   Cambia un minuto traumático que aconteció en tu vida y puede que hayas perdido hoy aquello que más quieres.

27.   El enamoramiento exige cierta tensión diaria, el esfuerzo de mostrar aquellas caras que creemos enamoran y ocultar aquellas que pensamos pueden desenamorar.

28.   Esta actuación es imposible convertirla en un hábito. No puede construirse una relación duradera sobre la misma.

29.   El amor sólo es posible construirlo sobre nuestro ser completo, aquel que muestra nuestras bondades pero también nuestros defectos.

30.   La persona que entra en su hogar entra para el reposo, no para mantener el artificio.


miércoles, 14 de junio de 2017

Discapacidad, sexo y prostitución.




Hablar de sexo y prostitución siempre es un tema complejo y polémico, más aún si se le añade un tercer ingrediente, la discapacidad. Tengo en mi mente la película “Las sesiones”, un tetrapléjico de 38 años decide que ha llegado el momento de perder la virginidad, para ello busca la ayuda de una profesional del sexo, llámenla ustedes como quieran. Ojalá fuese una película más vista. El sexo, el placer, el cuerpo, la ternura, el afecto, el éxtasis que dura unos segundos, la felicidad que puede durar una noche, una tarde, una mañana, un día. Una felicidad que puede que después quede en nada, pero ahí estuvo, ahí quedó. El derecho a ser tocado, a ser besado. La humedad, los fluidos, los gemidos, esa mirada que todo lo abarca y en todo se concentra. Las yemas de los dedos, la humedad de la lengua, el sudor de las axilas, el olor de la vagina, la magia de una erección, los susurros del después, la cabeza sobre el pecho, el lento baile de unos dedos, las confidencias, las confesiones, los deseos, el llanto, la risa, el silencio que se escucha.
Si hablar de sexo y sexualidad no está del todo asimilado, hacerlo de sexo y sexualidad de las personas discapacitadas es prácticamente rechazado, entra directamente en el terreno del morbo, de lo desagradable, de lo prohibido. ¿Tiene derecho a la sexualidad el impotente, la mastestomizada, aquella persona que carece de manos, que tiene la piel de su cuerpo arrasa por un fuego, la que no se puede mover, la que solo mira? ¿cómo ha de ser esa sexualidad? ¿quién la puede practicar? ¿dónde se encuentra el límite de lo perverso? ¿dónde se encuentra el morbo, en la cabeza del que mira o en los cuerpos que se juntan? ¿es necesario el amor?  Recuerdo en este momento un relato de Mario Benedetti, La noche de los feos, que puede servirnos para expresar la dificultad y el gozo de estos momentos. Quién no va a tener derecho a la sexualidad, quién no va a tener derecho al uso de su cuerpo para ello, quién va a estar condenado de nacimiento a no ser tocado, a no vivir la ficción de un amor. La discapacidad no nos convierte en seres asexuados.
Sobre este derecho es sobre lo que habla la película antes citada y lo que pone sobre el tapete, lo admitamos o no, es el tema de la prostitución, su regulación sí o no, su legalización sí o no. Mark O'Brien (John Hawkes), poeta y periodista tetrapléjico y con un pulmón de acero, decide que, a sus 38 años, ya es hora de perder la virginidad. Con la ayuda de su terapeuta y la orientación de un sacerdote (William H. Macy), Mark se pone en contacto con Cheryl Cohen-Greene (Helen Hunt), una profesional del sexo. Una película llena de ternura y de verdad. ¿Quién puede oponerse a lo que ahí ocurre? La dulzura con la que es tratado el tema por Cheryl y la simpatía que desprende el personaje de Mark, lo hace imposible. Seguramente alguien podría decir: eso no es prostitución. Bueno, será cuestión de extender un certificado de discapacidad para poder acceder a los servicios de una profesional del sexo, seguramente también será necesario fijar el grado de minusvalía. ¿O bastará con una prueba de virginidad? ¿Se podrá acceder también con un certificado de soledad? ¿Y quién pueda demostrar la vivencia de una sexualidad muy lastrada? ¿Será un problema de edad? ¿Los mayores sí o no, sólo para ellos o ninguno? Dónde podemos poner el límite para el ejercicio de la sexualidad.
La prostitución es ejercida mayoritariamente por mujeres, mientras que los clientes son mayoritariamente hombres. Quizás es un problema terminológico, prostitutas o putas suena despectivo, mejor llamémoslas profesionales del sexo, trabajadoras sexuales o asistentas sexuales, puede que así podamos engañar a esa parte de nuestra conciencia que todavía está instalada en el prejuicio. Es verdad que la sexualidad no es sólo genitalidad, y que la mayoría de nosotros no sabemos vivir el antes, el durante y el después, que necesitamos un buen repaso a nuestra educación sexual. ¿Es que es necesario para corregirlo crear un ciclo formativo de formación profesional sobre asistencia sexual? ¿De grado superior (una educación universitaria de grado parece excesivo) o bastaría con uno de grado medio?. Puede que así lográramos diferenciar como es debido un trabajo tan digno como este de ese puterío que tanto nos indigna.
Si hemos salvado de la quema alguno de los casos anteriores, quizás no nos hayamos dado cuenta de qué hemos empezado a regular la prostitución. Dentro de nosotros, aun cuando presumamos de modernos y de no creyentes, todavía persiste ese prejuicio judeocristiano que condena la sexualidad como algo escandaloso y que debe estar circunscrita al ámbito de lo privado. El diccionario de la RAE habla de la prostitución como mantener relaciones sexuales a cambio de dinero. ¿Dónde está lo vergonzoso? Seguramente puede ser una actividad no deseada, para la que no hay vocación. ¿Es la única? Quién desea recoger basura, quién limpiar alcantarillas, quién aguantar borrachos, quién quiere trabajar asfaltando una carretera, quién buzonear por las casas. Por qué el contacto corporal de un masaje está permitido; quizás por el mismo motivo que se critica a lo que hemos reducido la sexualidad: la genitalidad. Ese es el lugar prohibido, aquel que todo lo convierte en vergonzoso, aquel que quien lo toca o aquella que lo ofrece quedan señalados.
El problema no es la actividad en sí, tan legítima y natural como otra cualquiera, el problema real son las circunstancias en las que se desarrolla este trabajo, circunstancias a las que la ilegalidad la aboca. Los problemas son la prostitución infantil, el proxenetismo, el tráfico de personas, la violencia a la que se encuentran expuestas, la explotación sexual, las enfermedades de transmisión sexual a la que se encuentran expuestas. La clandestinidad propicia todo esto, su regulación y poder realizar este trabajo a la luz de los demás puede permitir diferenciar el trigo de la cizaña. La persecución de esas prácticas, la diferencia legal entre víctima y verdugo, los beneficios para la primera y el duro castigo para el segundo. El tráfico de personas es perverso sea cual sea el destino al que estas son llevadas, la esclavitud igualmente, esté una persona confinada en un barracón para prostituirse, para la mendicidad, para tejer camisas o para trabajar en el campo. Esta sociedad hipócrita habla del mal uso que hacemos de la sexualidad y es incapaz de asumir que la educación sexual de todos es una tarea pendiente. Saber que la violencia es condenable sea cual sea el ámbito en el que se desarrolle, que la sexualidad es también un lenguaje a utilizar, que el abuso de edad, sexo o poder físico o social siempre es deleznable y denunciable, que aportar felicidad corporal a quien no la tiene también es un acto de caridad y que en este aspecto es necesario respetar al máximo y potenciar el respeto a la diversidad sexual. La mujer no es un objeto también puede ser la que necesite esa felicidad temporal, el hombre no es el macho ibérico poderoso también puede ser el agente tierno que aporte esa felicidad. La sexualidad en la sociedad es una mirada de lágrimas, bien de tristeza o alegría, la educación fundamental consiste en tener la sensibilidad para percibir ambas cosas y no tener prejuicios para aceptar su resolución.


jueves, 8 de junio de 2017

Bienvenido señor Suerte




El otro día visioné de nuevo parte de la película Bienvenido Mr. Chance, en ella Chance (Peter Sellers), un jardinero analfabeto y muy limitado intelectualmente se ve, con sus silencios, su pasividad y sus comentarios muy básicos sobre jardinería, convertido en un sabio al que los altos poderes acuden para descubrir lo que interpretan como razonamientos esenciales para la vida y para su organización. Quizás me estaba viendo a mí mismo. Nunca pude presumir de una sabiduría enciclopédica ni de una capacidad de discurso inagotable, el tiempo y la enfermedad ha ido mermando cada vez más ese depósito de palabras y de información, y, sin embargo, me siento escuchado, incluso con interés. No es un acto de caridad al que ahora asisto debido a mi enfermedad, puedo decir que lo he sentido durante casi toda mi vida y que en ocasiones se remonta a mi juventud aunque se haya hecho presente ahora. La suerte me ha acompañado y continúa haciéndolo. Sorprendentemente, para mí, he sido una persona importante para otros pero nunca he dejado de sentir mi mediocridad y la gran distancia existente entre el ser deseado y el real. Pienso que están confundidos y temo, al mismo tiempo, que se den cuenta de ello y se descubra mi vulgaridad. Me aterra la soledad y cada día que pasa valoro más el enorme regalo que supone la amistad y el cariño, el sentirte cuidado por los otros acompañado por la ración de humildad correspondiente y que, ¡oh, sorpresa! estabas presente, sin tú saberlo, en otras personas. Este personaje tan valorado, no sería capaz de vivir lo que está viviendo en soledad; sin ellos no soy nadie, con ellos, paradójicamente, en mi decadencia física, cuando mi cuerpo se va desmoronando y mi presencia se va reduciendo soy un globo que va creciendo mientras los demás le van insuflando su aliento. Mis pocas palabras puede que tengan poco valor, pero lo que sí aseguro es que ahora pertenecen a lo más hondo de mí. En ocasiones, a pesar de los pesares, uno debe dar gracias a la vida por ser un afortunado.

sábado, 27 de mayo de 2017

Bienvenido al club de los escleróticos: Carta al recién diagnosticado de esclerosis múltiple




Estimado compañero, soy consciente de que puede sonar a pitorreo que te dé la bienvenida al club de los escleróticos. Como todos, si pudieras darte la vuelta y salir por la puerta que has entrado limpio de polvo y paja, lo harías, pero desgraciadamente la vida no es así, hay cosas que si nos han tocado ahí están, sólo nos toca vivirlas y es en esa vivencia donde podemos establecer la verdadera diferencia. No es lo que te acontece en la vida lo que te marcará como persona, sino la forma en cómo afrontas aquello que te acontece. Imagino que ahora mismo tendrás el susto metido en el cuerpo. Te aseguro que no es para tanto. Sé que no soy el más indicado para decirlo pues ahora mismo me puedes encontrar en esta silla de ruedas de la que no me despego salvo para pasarme la cama y con verdadera dificultades para escribir esta carta. Insisto, no es para tanto. Sólo un pequeño porcentaje de afectados por esclerosis múltiple terminan en silla de ruedas y este porcentaje, gracias a la investigación, va en descenso. Estadísticamente yo ya ocupo un punto de ese pequeño porcentaje por lo que tú ya tienes más probabilidades de no estar en él. No es un favor que te hago, te aseguro que me lo pensaría mucho si me hubieran dado la oportunidad.
Imagino que como casi todos ya te habrás metido en Internet y habrás encontrado una larga relación de síntomas que habrán ido complicando tu estado anímico. Nadie acumula todos esos síntomas, seguramente ya habrás oído hablar de la enfermedad de las mil caras y es que cada afectado es diferente. Compartimos muchos síntomas pero otros no y si apareces por el local de una asociación lo que menos vas a ver es a gente como yo. Encontrarás personas, muchos años cargando con la enfermedad, a las que si ves en otro lugar nunca podrás deducir que padecen esclerosis múltiple. Hoy no sabes cual será tu evolución, corremos el peligro cuando nos diagnostican de hacer un duelo por anticipado y especialmente hoy cuando nuestras expectativas físicas han mejorado. La gran mayoría de los diagnosticados hoy dentro de veinte  años os encontraréis, con seguridad, mucho mejor que la gran mayoría de los que hoy fuimos diagnosticados hace veinte años.
De cualquier modo, una enfermedad así, crónica y degenerativa, ha llegado para cambiarte la vida y esto no siempre es malo. No pretendo ningunear la enfermedad simplemente quiero hacerte ver que problemas de ese calado en la vida nos suponen un reto a superar y llegan para poner entre interrogantes nuestro ser, nuestra calidad humana. Intentar eludir estos interrogantes no sólo es imposible sino que también es estúpido. Es posible que haya cambios drásticos y es posible que no, es posible que estés obligado a despedidas y renuncias, pero también es posible que no; lo que sí es seguro es que esto afectará de alguna manera a tu forma de ser y ya puestos que sea para bien, que nuestra renuncia a grandes futuros nos suponga vivir intensamente el presente, que la bajada de escalón que supone nuestra dependencia, si llega, nos aumente la sensibilidad hacia todos los que todavía se encuentran en escalones más bajos y que ese golpe emocional nos aumente la capacidad de escucha, nos haga replantearnos nuestra jerarquía de intereses y nos habrá la mirada para ser capaces de descubrir y sentir el sufrimiento ajeno. Te aseguro una cosa, esta enfermedad no tiene por qué arrebatarte la felicidad, al contrario, paradójicamente puede ocurrir que entonces descubras una felicidad que anteriormente parecía imposible de vivir en este mundo de insatisfacción permanente y competición continua. Con este sermón quiero decir, que incluso en un estado físico similar al que yo me encuentro la felicidad es posible. No pretendo insinuar que no habrá momentos malos, más de los deseables, ni quiero decir con ello que no sea cuestión de algo de fortuna, sino que también nosotros construimos el tipo de espacio que nos rodea. No llegarás a este extremo físico, estoy convencido de ello, pero aprovecha la ocasión para mandar a hacer puñetas el mundo asfixiante que te rodee, este sí esclerotizado, y comienza a construir uno bastante más oxigenado, eso sí, siempre empezando por ti.
Ahora sí puedo decirte bienvenido al club, seguramente nos encontremos en el camino y espero que para ese momento nadie ni nada nos haya arrebatado la sonrisa en la boca. Un fuerte abrazo.

miércoles, 17 de mayo de 2017

Quisiera ser vuestro perro (Carta abierta a nuestr@s parlamentari@s)






Me llamo Jesús Mora y soy amigo de Luis de Marcos. Hace dos días conocí su deseo de morir y para eso ha iniciado una campaña en Facebook demandando la legalización de la eutanasia. Le comprendo, yo, como él, tengo esclerosis múltiple aunque mi estado físico no haya llegado todavía al extremo del suyo. Comprendo su sufrimiento, comprendo su agotamiento, comprendo su deseo de libertad para él y para todos. Yo aún no he llegado a su estado de tetraplejía, pero no me falta mucho, mis piernas no se mueven nada ya y mis manos van camino de ello. Desde hace 16 años tengo un dolor neuropático permanente en mi mano derecha, es como una quemazón, como si la palma de mi mano se hubiera quemado y desde entonces no he pasado ni un solo segundo sin esa sensación; desde hace algunos años menos también tengo esa sensación  en mi mano izquierda, también tengo diariamente espasmos dolorosos en las piernas. No es necesario entrar en detalles del resto de síntomas que acompañan a estos y del grado de dependencia que esto supone. No es extraño pues que llegado al punto en el que Luis se encuentra uno se encuentre agotado de respirar, pues a esto termina limitándose su vida. No se trata de amor a la muerte ni de odio a la vida, Luis ama esa vida, doy fe de su personalidad vitalista, es por eso por lo que ya no aguanta ese sucedáneo de vida en el que se encuentra. Podéis empeñaros  en negarle ese derecho, el de la muerte como parada cardiorrespiratoria definitiva, pero llegado a ese punto uno sabe que la muerte ya ha llegado aunque el corazón todavía lata. Únicamente lo que se logra es prolongar esa muerte de forma indefinida. Es por eso por lo que pienso en vuestro perro, el que tenéis o podríais tener, con toda seguridad no soportaríais contemplar diariamente su sufrimiento, su incapacidad de moverse, sus espasmos continuos, sus ladridos de queja. Con toda seguridad ya lo habríais llevado al veterinario para que pusiera fin a ese sufrimiento. ¿Vale menos la vida de Luis, o la de todos nosotros, que la de vuestro perro? ¿Qué Dios ha puesto un precio tan desmesurado a las nuestra? ¿En qué Dios tan falto de piedad creéis incapaz de un gesto que vosotros por humanidad tendríais con vuestro perro? ¿De qué tenéis tanto miedo vosotr@s polític@s que no os importa dejar morir con tanto sufrimiento? La política es un ejercicio de responsabilidad y esta responsabilidad hay que asumirla ante el ciudadano no ante el aparato de vuestro partido. Son las consecuencias que vuestras decisiones tienen para eso ciudadanos, no para vuestra organización, lo que hay que tener en cuenta. La vida es demasiado maravillosa como para dejarla en manos de cínicos o cobardes y que se haga de ella un infierno. No me valen filigranas dialécticas para ocultar vuestro miedo. Sabéis que el tema de la eutanasia ya está mayoritariamente asumido por nuestra sociedad, el que lo sigáis aplazando sólo responde a intereses partidistas y que no basta con los legítimos derechos del paciente expresados en el actual testamento vital. El momento es ahora, aplazarlo sólo pondrá de manifiesto la procrastinación de vuestra organización, el irritante trastorno del comportamiento estructural que supone. Ayudad a Luis y ayudémonos todos. No está escrito el futuro cercano de nadie en el horizonte, por eso, tampoco el vuestro.

jueves, 11 de mayo de 2017

DEPENDIENTES





Me seguía a todas partes, no podía deshacerme de ella. Era mi sombra, difícilmente podía hacer algo sin tenerla presente. ¿No tenía otra cosa que hacer esa mujer salvo estar pendiente de mí? Mi vida se había convertido en la suya, su rostro no me era desconocido, la había visto anteriormente, pero era incapaz de recordar su nombre. Su recuerdo se remontaba a un pasado muy antiguo, pero su presencia constante la había difuminado hasta mezclarse conmigo. Aquella mujer había perdido su personalidad para terminar siendo la mía. O la mía la suya, no lo sé bien, el caso es que yo no podía huir de ella.




En la foto, una mujer daba de comer a un hombre encamado. La fotografía formaba parte de la exposición Under Pressure sobre la situación de los enfermos  de esclerosis múltiple en 12 países europeos. Cuando el grupo llegaba a ella yo siempre preguntaba en ese momento: “¿Cuál es la persona dependiente?”. La respuesta inmediata era “el hombre”, pero no tardaba alguien en decir que eran las dos personas que aparecían en la foto.  En efecto, las dos personas estaban encadenadas una a la otra. Cómo puede realizar él cada una de sus funciones corporales si no es con la ayuda de otras manos, las manos que le visten, las manos que le asean, las manos que le levantan, las manos que le acuestan, las manos que le permiten realizar sus necesidades, las manos que le dan de comer, las manos… Sus tiempos han de ser idénticos, desde el amanecer hasta el anochecer, desde el despertar hasta el dormir. Dos seres que terminan siendo miméticos. Ella no puede dejarlo solo, sus pies y sus manos son inútiles, conoce el momento en el que se ha de levantar, no puede dejarlo sentado en su silla de ruedas desde el amanecer, su cuerpo no lo soportaría; tampoco puede dejarlo acostado todo el día, tiene que incorporarse en algún momento. Conoce las rutinas que hay que seguir con él en las horas de las comidas, sabe cuáles son sus momentos de micción y qué hay que hacer con él para que pueda defecar. Seguramente tuvo que abandonar el trabajo, todo esto sólo se puede solucionar a base de dinero, que otra persona realice alguna de esas funciones, pero sus ingresos no daban para ello. Es un círculo vicioso que no tiene salida, cada vez más pobres, cada vez más necesitado él y más necesitada ella. Atrapados, la una al otro. En ese pequeño infierno solo alguna caricia abre ventanas hacia el cielo, una mirada de ternura, un beso de complicidad. Dos santos atrapados en una vida infernal.



 En algún instante se me ha iluminado la memoria, ha abierto su cerrojo y he podido identificar su nombre, era la inmensa cercanía lo que lo dificultaba, era necesario tomar cierta distancia. Yo me llamo Mercedes, ella, Jesús. 

 Fotografía de Walter Astrada, tomada en Bielorrusia. 

jueves, 27 de abril de 2017

LLACH, el fracaso de Ítaca



Con frecuencia he dicho cuando ha surgido la ocasión que para mí Lluis Llach era el mejor cantante, por sus letras y su música, de España. Sé que esta opinión no sería de su agrado ya que él, supongo, que nunca se ha considerado ciudadano español. Si es así ha de perdonarme si digo que esta consideración es una solemne tontería. Le guste o no, es español. Sigo pensando lo mismo. Las canciones de Lluis Llach han formado y forman parte de mí. Que tinguem sort, L'estaca, Somniem, I amb el somriure la revolta, Vida, A força de nits y, por supuesto, el Viatge a Ítaca, estos temas son también míos, nunca dejarán de serlo, aunque seguramente yo los viva de manera diferente. Cuando uno produce una creación de ese tipo deja de ser exclusivamente suya desde el mismo momento que la hace pública. Estos días me genera una tristeza grande escuchar sus palabras de amenaza a los funcionarios que no obedezcan su sueño, obviando deliberadamente a esa mayoría que no lo comparte y sin importarle que su sueño sea para esos otros una pesadilla. El poeta se ha convertido en un hombre vulgar, o quizás siempre lo fue. Es nuestro pecado idealizar a aquellos que veneramos, sin atrevernos a asumir que el rey está desnudo. Lluis Llach ha olfateado el aroma del poder y ha decidido que es el momento de ejecutar ese sueño sin importarle el sufrimiento de aquellos que no lo compartan. Está convencido de que es el momento de construir su Ítaca particular aunque para ello tenga que contradecir a Cavafis, Ítaca ya no es el camino, saboreando un triunfo se cansó de caminar. La anhelada Ítaca deja de ser tal desde el momento en el que se la considera alcanzada. Aquellos que no compartan su ambición no son arios, se trata de personas que han venido a ocupar su tierra prometida, extranjeros, los charnegos. No parece consciente Llach de que las posiciones políticas no son legitimadas por un sentimiento nacionalista, que la pretendida pureza política también puede envenenarse, que la persecución ejercida desde el poder no se puede bendecir solo según sea el color que la ejecuta, el nacionalismo no es una posición social, en todos aquellos que no comparten el independentismo (que guste o no son mayoría) seguro que hay una parte muy importante de población trabajadora, aquella que sobrevive a pesar de las continuadas noches, para la que nadie consigue tumbar la estaca que la amenaza ni alcanzar su propia Ítaca ya que el poder siempre está en las mismas manos se llame como se llame la nación en la que vive. No dejaré de escuchar sus canciones, ya lo he dicho, ya son mías, aunque vea a su autor actuar de una forma patética. Detrás del arte siempre está el ser humano, con sus miserias y contradicciones; afortunadamente el primero permanece aunque el segundo, a menudo, se olvide.










sábado, 22 de abril de 2017

LIBROS



En algún momento de mi vida debió de iniciarse en mí cierto fetichismo con los libros que más allá de su lectura también se convirtió en el ansia de acumularlos. Era el placer de tenerlos en mis manos, de olerlos, de pasar sus páginas, de ver su tipo de letra, la manera en cómo se distribuye su texto, la ilustración de su portada. Siempre era este placer anterior a su lectura aunque pugnaba con el apetito voraz por comenzarla. Desde pequeño tuve una mala memoria por lo que he de reconocer en ese afán lector algún deseo de vampirizar su contenido suponiendo que alguna riqueza siempre quedaría con su lectura a pesar de que fuera fácil su olvido. Pero en ese vuelo obsesivo a través de los libros ha habido algunos que dejaron en mí una huella imborrable y formaron mi pensamiento y mi actitud ante la vida. Libros hermanos, libros amigos, libros maestros. No me entendería a mí mismo sin ellos, no se podría comprender totalmente mi mirada sobre la vida. Libros todos que me han ayudado entender la complejidad de la vida, llegado un momento no sé bien si fui yo el que fue hasta ellos o fueron ellos los que vinieron hasta mi, que estábamos condenados a encontrarnos.
En ese convivir en el que yo me empeñé pronto las librerías se convirtieron en lugares en los que yo me perdía  con frecuencia. Era la satisfacción de sentirme rodeado por libros y poder coger y hojear uno u otro, intentar olfatear aquel libro que me estaba esperando y dejarme sorprender por algún otro que no esperaba. Esas librerías condenadas hoy al transformismo para poder subsistir y esas editoriales obligadas a enriquecer sus ediciones para que el lector perciba que lo que tienen sus manos es una joya que difícilmente podrá encontrar en formatos electrónicos. El e-book, hasta el origen del nombre le ha sido robado al libro electrónico para que pierda su escasa sensación de cercanía, trae consigo muchas posibilidades pero no deja de ser una nube en la que nos adentramos y salimos de ella como si saliéramos de una niebla más o menos densa. Ese libro no pesa, no huele, no ocupa espacio, quizás virtudes para una sociedad líquida que exige que todo tenga ese carácter de venir y marcharse dejando la menor huella posible.
Hoy leo en un libro electrónico, no puedo sostener uno de papel, se me cae de las manos, no puedo pasar páginas, soy incapaz de separarlas, pero sigo necesitando vivir con esos libros que me han acompañado estando alrededor de mi. Poder verlos, sentirlos, saber que están ahí y que con ellos sigo estando yo, que los pedazos que de mí se van desmoronando aguantarán mejor si ellos están conmigo y si alguien coge después uno de esos libros me está también cogiendo a mí y yo sueño con quedarme en algún lugar de su interior.

martes, 18 de abril de 2017

LA VIDA ENTRA POR LA PUERTA



Tumbado en la cama esperas. Inmóvil, con los ojos abiertos, esperas. Tu cabeza le da vueltas a algún pensamiento, algo a lo que darle forma luego y déjalo vivir en la nube, esa en la que buscas pedazos de vida y en la que quieres ser medianamente útil. Ahora esperas. La nube es para ti la ventana por la que te asomas a la vida pero no es la vida. No te mueves, no puedes hacerlo, la inmovilidad es un trago duro de asumir, la vida continúa pero tú no puedes hacer nada para seguirla, sencillamente esperar.


Oyes subir los escalones de la vivienda común y girar la llave de la casa. La vida entra por la puerta. No la vida que has dejado abandonada porque esa que está entrando tú no la conocías, únicamente hablabas de ella porque habías oído hablar de la misma, habías leído algo, has tenido que esperar a esta situación para dejarle las llaves de tu casa y que entre en ella cuando quiera. Es la vida en estado puro. Quizás no sea una inmaculada  existencia, difícilmente lo es alguna, pero es aquella que viene a cuestionar tus prejuicios, la que pone en evidencia tu acomodado estado aún desde esa quietud que siempre puedes tener la tentación de utilizar como coartada; tu conservadora vida por mucho que quieres teñirla de rojo. Es la de los supervivientes, la del señalado y castigado grupo de los gays, la de la permanente cuesta arriba de los inmigrantes, los del riesgo de ahogo más allá del Mediterráneo de los subsaharianos, los del devaluado y apartado  grupo de los sudamericanos, la de los "amenazadores" musulmanes, la de los de familias desestructuradas, la de quienes sobreviven a la soledad, la de la mujer castigada doblemente por mujer y por pobreza. Supervivientes al fin y buenos. A pesar de las dificultades a las que se enfrentan, buenos. A pesar de sus orígenes siempre catalogados y sospechosos, buenos. Los de la permanente sonrisa a cambio de nada. Los del beso y la caricia, los que saben que nunca se rebajan cuando sirven, los que verdaderamente están cambiando el mundo.


La vida entra por la puerta cuando creías que en tu burbuja ibas a permanecer sin estar en ella. Es la vida la que ha venido a ti y te ha envuelto con su manto, la que te ha regalado su presencia, la que te ha abierto los ojos un poco más, la que desde tu inmovilidad  te ha removido por dentro. La que, a pesar de tu pequeñez, te ha dado valor y la que, sorprendentemente, entró y ahora también sale por la puerta, pero es también la tuya, a pesar de que quedes aquí inmóvil, es tu vida la que sale también con ellos, la que te ha enseñado una parte del mundo que desconocías y que te ha convertido, ahora sí, en ciudadano del mundo.


















viernes, 24 de marzo de 2017

LA ESPIRITUALIDAD, una paradoja existencial.



Los términos espíritu y espiritualidad fácilmente ponen en guardia a la mayor parte de la población, unos porque vienen de la experiencia de colonización religiosa en la cultura dominante y todo lo que suene la misma provoca una reacción negativa, y otros porque vienen de esa misma colonización y  por ello se sienten propietarios de esos términos y se genera en ellos un mecanismo de autodefensa al considerar un uso erróneo de los mismos. La palabra espíritu viene del latín spiritus, que significa aliento o respiro, es decir, aquello que da vida. Como todo termino su uso irá con el tiempo adaptando su significado a las nuevas realidades. Espíritu y espiritualidad no tiene por qué ver necesariamente con la religión. En filosofía el espíritu se entiende como la sustancia de los seres humanos, incluso el término puede referirse a una “espiritualidad atea” sin referencia a un ser superior o exterior a uno mismo. Del mismo modo no tiene por qué darse una oposición entre materia y espíritu; la práctica filosófica de origen oriental habla de la unidad de los opuestos entre ellos materia y espíritu, o interioridad y exterioridad. En cualquiera de los casos hay una esencia común en esa palabra, aquello que alienta la vida y da sentido a la misma, venga de donde venga y se quiera decir de donde se quiera decir. En ninguno de los casos la espiritualidad supone un abstraerse del mundo, un salir de él para no volver a entrar. La espiritualidad rodea la acción, va por delante de ella, se encuentra por debajo y por encima de todo paso y empuja a actuar en la vida. El ser espiritual no levita flotando por encima de la realidad sin mancharse con ella sino que siente la necesidad de intervenir en la misma.
La espiritualidad alienta la vida pero no la hace fácil en la medida en que supone una paradoja existencial, vivir en una aparente contradicción entre dos términos opuestos, en la que es necesario experimentar la tesis para después vivir la antítesis. Estamos ante una actitud que viene acompañada en buena medida de la soledad, con frecuencia nos sentiremos solos aunque estemos acompañados y a menudo tendremos que buscar esa soledad para poder encontrarnos con nosotros mismos, pero será una soledad buscada para después integrarnos más a fondo entre los demás, para sentirnos uno de ellos. Es necesario buscar la paz, el descanso, para después adentrarse en el conflicto. La vida es conflicto y es prácticamente imposible sobrevivir en ese conflicto sin encontrar una dosis de aliento en la paz. Es conveniente recrearse en el silencio para poder sobrevivir entre el ruido y encontrar en él la palabra adecuada. La vida es un ruido permanente, una perturbación que impide que la información llegue con claridad; difícilmente seremos capaces de interpretar de forma adecuada la realidad que nos rodea si no somos capaces que apartar ese ruido en algún momento; si nos dejamos arrastrar por la marejada aquello que digamos  será también ruido. Se trata disfrutar la quietud para poder activar el movimiento; en las encrucijadas de la vida es necesario detenerse un poco para elegir correctamente el camino; el movimiento continuo, sin paradas, nos convierte en autómatas dejándonos dirigir de forma condicionada por el poder; nada nos garantiza el acierto pero sí es casi seguro el error si las decisiones son tomadas siempre a la ligera. Se hace necesario elevarse hacia la trascendencia para poder aterrizar en la inmanencia; el pensamiento no puede tener límites, paredes que lo encierren; la trascendencia supone ir más allá de esos límites, superar las barreras impuestas, supone afrontar lo que es el Absoluto, aquello que nos supera; lo inmanente se hace más comprensible cuando lo observamos desde aquello que lo sobrepasa, no para huir de él sino para entenderlo en su totalidad, al menos, en su mayor parte; la realidad no acaba en nosotros, únicamente formamos parte de ella, esa convicción ha de hacernos saber que nuestro pensar es un ejercicio limitado y que ha de formar parte de él el esfuerzo por quebrar esos límites. Hay que practicar la introspección, el análisis riguroso de nuestros pensamientos, sentimientos y actos para poder comprender cabalmente el mundo externo; nuestra mirada al exterior siempre es subjetiva, la objetividad plena no existe sino que nosotros la modificamos en nuestro interior con nuestra mirada; analizar con rigor esa mirada nos hace comprender con mayor profundidad esa realidad; se trata de comprender y sentir esa realidad para poder actuar más acertadamente sobre ella. Ha de cuestionarse uno mismo para acentuar la sensibilidad ante el error ajeno y acrecentar la humildad propia; no estamos por encima de los demás ni por encima de nada de lo que existe a nuestro alrededor, debemos ser conscientes de que la posibilidad de error forma parte de nosotros y la duda siempre ha de ser nuestra compañera, es necesario rebajar la tentación de prepotencia y engreimiento, nada se cambiará adecuadamente con esas cualidades. La espiritualidad supone agradecimiento a ese absoluto, nuestra pequeñez justifica en mayor grado la exigencia de agradecimiento, somos mínimos y a la vez somos necesarios, nuestra aportación es pequeña y a la vez fundamental, el absoluto nos supera pero nosotros mismos ya somos el absoluto, esta paradoja sólo puede ser comprensible desde esa experiencia de ser todo y nada, lo último y lo primero, gratuito y necesario. Vivimos inmersos en una realidad de la que es necesario distanciarse de alguna manera para poder observarla de una forma desapasionada y hacerlo en su mayor parte; evitar todo  ese ruido que nos hace difícil comprenderla, así como el ruido interior que nos descoloca e impide ver aspectos que emocionalmente nos son incómodos. Lo que nos hace necesaria ésa espiritualidad es el Absoluto que nos rodea y que se encuentra muy por encima de nosotros y del que somos responsables. Un Absoluto que también encierra la paradoja: lo pequeño, lo mínimo, encierra ese Absoluto, esa totalidad, esa enormidad.

Ahora bien, qué sentido tiene ésa espiritualidad si no hay una práctica que dé razón de ella. El ir más allá se convierte en una regla de vida, no como algo obligatorio sino como aquello que sale de dentro; no hay una relación de tareas que nos limita y que no sobrepasaremos nunca. Es falsa la imagen de un ser “espiritual” que anda cargado siempre con esa lista y tiene la respuesta rápida de “eso a mí no me corresponde” o “mi tiempo de trabajo se ha acabado”, esto que puede tener sentido en algunas empresas privadas carece de él cuando hablamos del empleo público y, fundamentalmente, del funcionariado que se encuentra relacionado con el público. El reloj no ordena y manda, no hay espiritualidad posible en la que la persona no esté por delante de todo, especialmente cuando estamos hablando de los pequeños y  de los humildes. Vivimos en una sociedad que todo lo mide, que todo lo tasa, que nunca está dispuesta a dar más de lo que considera percibe, a ser posible siempre menos, esto es una muestra de inteligencia. Comprendo que este planteamiento puede ser polémico en algunos casos, pero la medición de todo no se limita a lo que es la jornada laboral sino que está presente las  24 horas del día y los 365 días del año, allá donde estemos prima nuestro individualismo, la sociedad está llena de individuos pero casi carece de ciudadanos. La espiritualidad no elude el conflicto cuando es necesario, no huye del riesgo, no se instala en la comodidad. No estamos hablando de valentía sino de responsabilidad. El ser espiritual no puede ignorar aquello en lo que cree si es severamente violentado y mucho más si en esa violencia alguna persona se encuentra afectada. Siempre tenemos la obligación moral de preguntarnos por las consecuencias de nuestras acciones. No podemos renunciar al pensamiento crítico e intentar quedarnos al margen como simples espectadores. No hay espiritualidad posible si lo que prima es la comodidad, no hay espiritualidad de sillón, sólo hay farsa. El ser espiritual es capaz de aguantar la soledad, el silencio, la quietud, e incluso la reclusión, es mejor sufrir una injusticia que cometerla, en esos momentos sólo la capacidad de trascendencia puede venir en nuestra ayuda. No hay dualidad entre cuerpo y espíritu, este último no se puede entender sin el primero pero los cambios que le afectan, incluido el dolor, aunque no dejarán de estar presentes, lo que vienen a plantear es la actitud a tomar, cómo responder a ellos y, si es preciso, cómo sobrevivir a los mismos. El ser espiritual nunca será fanático, siempre será crítico,  en su vida no existen los ídolos, ni siquiera el del poder o el del dinero. Esta actitud crítica lo convertirá en alguien incómodo a todo aparato e incomodo para él mismo en la medida en que se sentirá a la vez formando y no formando parte de él, sintiéndose familiar y extraño al mismo tiempo. Será esa espiritualidad la que le llevará a menudo a emplearse en causas perdidas cuando sienta que no puede permanecer impasible, que su pasividad le hará parecer cómplice y el testimonio que en ese momento ofrezca va más allá de sacar adelante, entonces, esa causa. La lucha interior que en él se produzca le forzará a dar un paso adelante; no habrá espiritualidad sin pelea interior, ese “aliento” le empuja a actuar pero no le calma. Se trata de una experiencia emocional  a la vez que intelectual, una experiencia muy especial que quien la ha vivido siempre la recordará como diferente, te remueve por dentro y te abre los ojos y las entendederas. Ser espiritual es ser abierto, libre, sensible, comprometido, crítico y decidido.



martes, 21 de marzo de 2017

Lo que el conflicto de los estibadores también pone de manifiesto




Debo reconocer en el principio que no domino en profundidad el asunto, sólo pretendo poner de manifiesto su complejidad, no únicamente la de este en concreto, utilizarlo no deja de ser un pretexto. Ahora, cada vez más, la realidad tiene múltiples ramificaciones que nos pueden pasar desapercibidas. Hace años cada problema podía estar perfectamente localizado, en aquel lugar parecía poder situarse nítidamente los protagonistas del mismo, las partes en conflicto. Si existían consecuencias asociadas al mismo o nos eran desconocidas o las percibíamos tan lejanas que no tenían por qué  ser tenidas en cuenta. El mundo en el que habitamos esto ya no es posible, podemos ignorar esas ramificaciones pero esa ignorancia no deja de ser un acto voluntario; si lo deseamos podemos seguir el hilo de las mismas hasta su final o, al menos, darnos cuenta de su complejidad tal que nos hace perdernos en esa ramificación.
Bruselas exige liberalizar la estiba, por esto el Tribunal de Justicia de la Unión Europea condenó el 11 de diciembre de 2014 a España por considerar que el régimen legal en que se desenvuelve el servicio portuario de manipulación de mercancías contraviene el artículo 49 Tratado de Funcionamiento de la Unión Europea. Este régimen que castiga Bruselas obliga con carácter general a las empresas estibadoras que operan en los puertos de interés general españoles a inscribirse en una Sociedad Anónima de Gestión de Estibadores Portuarios (SAGEP) y, no permite recurrir al mercado para contratar su propio personal, ya sea de forma permanente o temporal, a menos que los trabajadores propuestos por la SAGEP no sean idóneos o sean insuficientes. El valor de la mercancía  que se mueve por los puertos españoles en exportaciones e importaciones alcanza el 20% del PIB. Junto a la importancia económica del sector de la estiba nos encontramos con que el citado tribunal falló en diciembre de 2014 una multa que ya acumula un importe de 21,5 millones de euros. Para intentar cumplir con esa sentencia el Consejo de ministros elaboró un Real Decreto Ley. La no reforma podría ampliar la multa en 134.000 € al día.
Los estibadores, sin embargo, estaban en contra de esta reforma, que, según el Ministerio de Fomento, pretende romper el monopolio del colectivo para gestionar el sector, y por eso desde el momento que se puso en marcha este decreto anunciaron huelga. Los sindicatos de estibadores anunciaron un preaviso de huelga que comenzaría el 6 de marzo y  duraría tres semanas, con paros alternos de tres días por semana (lunes, miércoles y viernes).
El Congreso votó el pasado jueves 16 de marzo ese Real decreto y por primera vez se tumbó un Real decreto del gobierno del PP. La huelga fue desconvocada y la votación del Congreso muy celebrada entre esos trabajadores.
Por supuesto, me alegra esa alegría. Lo que está en juego no es sólo un problema que se puede reducir a cifras macroeconómicas, sino que es un problema humano que pone en juego puestos de trabajo y modos de vida de familias enteras. Ahora bien, también viene a reflejar algunas cuestiones  que la izquierda ha planteado  en el plano teórico desde hace años pero a las que no ha sabido afrontar en el plano práctico. Cuestiones como, por ejemplo,  el tema de la globalización. Este es un asunto que, querámoslo o no, ha venido para quedarse y que exige de las fuerzas sociales una evidente y amplia renovación. El cambio en la realidad hace necesario otro en las fuerzas sociales que intentan modificar esa realidad. No sirve para nada manejar instrumentos añejos para enfrentarse a nuevas realidades, a lo único que aboca esto es a la frustración y a la pérdida de peso político de esas fuerzas. La globalización implica un evidente cambio en el lugar de la toma de decisión. El poder económico siempre ha sido aquel que se encontraba en la práctica detrás del poder político y moviendo sus hilos. Si antes podíamos localizar casi sin problema la persona que ejercía ese poder desde hace tiempo esto ya no es así, este poder difícilmente se puede personalizar y localizar, parece escaparse de nuestras manos.

Una segunda cuestión que no termina la izquierda de afrontar en toda su complejidad es la del cambio de manos del ejercicio de ese trabajo bien por el deseo de la privatización, el empresario siempre desea poder elegir la opción más barata, o por el añadido  de la deslocalización. Allá donde la pobreza es mayor la mano de obra siempre será más barata. Las distancias que antes eran una dificultad difícil de resolver ahora son una cuestión menor.
Estas cuestiones ponen de manifiesto lo que las organizaciones sociales de izquierda (partidos y sindicatos) no plantean en su discurso. Efectivamente, es necesario creer que otro mundo es posible pero será imposible hacerlo con las herramientas de antaño. La crítica al poder de las grandes multinacionales, a la presión que ejercen las grandes instituciones financieras internacionales, a la fe en el mercado como solución de todos los problemas y a la falsa igualdad que supone el libre comercio difícilmente será eficaz si no se hace desde una entidad a un nivel lo más cercano posible a la de esas instituciones capaz de articular una presión que pueda actuar sobre la realidad y modificarla. Conseguir la Tasa Tobin, la condonación de la deuda externa, la libre circulación de personas, el control político de las multinacionales y el establecimiento de una democracia participativa que consulte a los ciudadanos sobre como gastar el dinero, entre otras cuestiones, exige unir fuerzas no de una manera coyuntural sino de una forma estable y permanente. La solución, en estos casos, no puede ser local sino global, ha de tomarse a una altura similar a la que muestra el poder económico. Estoy hablando del problema del soberanismo. No hace mucho Pablo Iglesias reivindico en el parlamento una recuperación de parte de la soberanía  cedida a la Unión Europea. Hay en esta petición un planteamiento, desde mi punto de vista, erróneo. El internacionalismo de la Asociación Internacional de Trabajadores creada en el siglo XIX prácticamente no existió. En teoría la izquierda vendría a defender ese internacionalismo, y, por lo tanto, difícilmente podría entenderse como nacionalista. El enfoque equivocado es pensar que en el ámbito local, entendiendo como eso aquel que se encuentra más a nuestro alcance, las decisiones de tipo económico y social serán más adecuadas; esto carece de sentido pues nada garantiza que las personas que han de tomar esas decisiones serán así las mejores, lo que si se garantiza es que cuanto menor sea el ámbito en el cual se toman esas decisiones éstas tendrán cada vez menor incidencia y menor capacidad transformadora de la realidad social. La leyenda de David contra Goliat no deja de ser una leyenda; en todo caso hacen falta muchos David unidos para enfrentarse al gigante. El discurso internacionalista sencillamente no existe, las fuerzas sociales desean espacios menores que les garanticen una mayor probabilidad de ocupar el poder con los beneficios añadidos al mismo aunque su capacidad transformadora sea mucho más que mínima.
El mundo se ha globalizado nos guste o no y ese mundo mejor posible tendrá esa característica y las consecuencias de la misma que no podemos ignorar. Es cierto que es mucho más duro ver padecer al vecino y no a otro que vive a miles de kilómetros de nosotros, pero nos guste o no no podemos dejar de ser conscientes que las decisiones y comportamientos que tomamos aquí inciden a esos miles de kilómetros y, por lo tanto, en sus habitantes. La izquierda no puede dejar de recordar el enorme desequilibrio económico y social que tenemos en el mundo de hoy. La búsqueda de soluciones ha de tener esto en cuenta. Nuestra alegría a menudo genera profunda tristeza lejos de nosotros. Volvemos a encontrarnos con un ellos y nosotros en el que este último término viene delimitado por unas líneas fronterizas que siempre son artificiales. Este análisis complejo trae como consecuencia un discurso complejo que no es nada cómodo ni popular, pero, no nos engañemos, no hacerlo es no estar centrados en el problema real y en la coherencia del discurso, únicamente es un discurso a la búsqueda del voto en el mercado electoral, pretendiendo ignorar que la victoria de esos votantes puede hacerse a costa  de otros mucho más empobrecidos. Puede que no seamos conscientes de ello, pero este planteamiento es darle alas al pensamiento localista, vs. de extrema derecha, por eso, es frecuente encontrarnos con un salto de un extremo a otro del espacio electoral.
El ejercicio de la política es mucho más complejo, difícil y duro, de lo que nos gusta creer, y además tiene un último vacío que se encuentra por llenar y que las fuerzas de izquierda hace mucho que abandonaron. En la política no basta con la propuesta de unas medidas para organizar la vida económica, política y social; antes, durante y después de estas están las personas, estamos nosotros y si no se nos educa a la par de esas medidas no dejaremos de ser unas veletas que hoy señalamos hacia un lado y mañana hacia el otro, siempre en función de nuestro interés. No todo el tipo de personas vale para un mundo nuevo, ese cambio será imposible si con él no va aparejado un cambio en el hombre y en la mujer. La izquierda no puede eludir este asunto. El mundo no se renovará si la fuerzas sociales no lo hacen antes y estás tampoco cambiarán si no lo hacen las personas que las forman. Es bueno alegrarse de la alegría de los estibadores pero no podemos quedarnos ahí, no basta con votar en un parlamento para luego seguir encerrados en nuestro propio interés ignorando que cada medida forma parte de una tela de araña que todo lo interrelaciona y que será pura ficción si no cambiamos de verdad las personas que la tejemos.