Etiquetas

martes, 1 de agosto de 2017

Memento morí





Seguro que más de uno recordará estas palabras y su origen, el siervo que tras el general que entraba victorioso por las calles de Roma en medio del clamor popular le recordaba una y otra vez que nunca olvidase que sólo era un hombre, un mortal, que todos esos vítores nunca le hiciesen creer que era un dios. Son quizás las palabras que con más frecuencia se hacen presentes en mi vida y ahora, al verlas tatuadas en el brazo de una persona muy querida, esa presencia se me ha agudizado.
Memento morí, recuerda que eres mortal, simplemente un hombre. No te dejes endiosar por los méritos conseguidos, estás hecho de la misma materia que el resto de los mortales, únicamente eres una amalgama de células, tu sangre también es roja y dejará de circular por tu cuerpo cuando mueras. Eres humano y habitas con ellos y dónde ellos. Tu Olimpo es artificial y podrá ser destruido por aquellos que pretendes mantener alejados de ti. Se abalanzarán sobre ti y descubrirás de golpe que tienes las mismas debilidades que aquellos que te golpean. El engreimiento es la mayor de esas debilidades. No perteneces a otra casta, tu linaje es sólo un artificio. Mira de frente a aquellos que contemplas desde arriba. Los ves, son como tú, con tus mismas necesidades, aquello que has conseguido no te convierte en mayor, en más grande, en intocable. Tienes la misma bajeza y la misma pequeñez, perteneces a ese pueblo llano, tus méritos no son solo para ti, sino también para ellos; en la medida en que te distancias no eres consciente que desapareces, te vuelves insignificante, sólo existes en la medida en que eres consciente de tu condición mortal. No olvides nunca que en la medida en que dejas de ser sencillo y humilde dejas de percibir muchas cosas importantes de la vida, las anteojeras que la soberbia te pone te impedirán ver todo aquello que para tu condición social pasa desapercibido, la mayor parte de la vida y la existencia de tus conciudadanos del mundo.
 Memento morí, recuerda que eres mortal, simplemente un hombre. Hoy te encuentras en lo más alto pero mañana caerás. Donde hoy has acertado mañana puede que yerres. La vida puede convertirse en un devenir tortuoso, lo que ayer fue dulce hoy puede ser amargo, donde saltabas de alegría hoy te inunda la tristeza. Naciste frágil y frágil morirás, la fortaleza debe residir en tu espíritu. Que no te invada la soberbia cuando venzas, como tampoco debe cundir el desánimo cuando caigas vencido. Te alzaste sobre ellos, mañana caerás a sus pies. Caes, levántate, duermes, despierta, lloras, ríe, temes, tranquilízate, retrocedes, avanza. Tu cuerpo no es una coraza, puede que mañana lo veas desmoronarse. Pilota si puedes un cuerpo desmadejado, mantén tu luz aunque la oscuridad te inunde, que esa luz sea también la de todos. Simplemente un hombre, todo un hombre.
 Memento morí, recuerda que eres mortal, simplemente un hombre. Morirás, aprovecha tu vida, aprovecha el momento, carpe diem. Naciste mortal, aprovecha cada instante de tu existencia. Tienes tantas cosas por hacer, tanto por ver, tanto por descubrir. Es hoy cuando puedes dar ese paso, no lo aplaces, no lo dejes para mañana. La vida está hecha de presentes. Es el presente de hoy el que te va a forjar el presente del mañana, no dejes que el tiempo haga las cosas por ti, sé protagonista de tu momento, responsable de tu quehacer; vive la vida, no desperdicies la ocasión que esta te brinda. Sonríe siempre qué puedas, acaricia, besa, acompaña, ríe pero también llora cuando sea necesario. Vivir no es solamente el momento de placer sino también, a veces, el del sufrir, la alegría y la tristeza. Son esos altibajos de emociones los que te forjaran como persona.
Memento morí, recuerda que eres mortal, simplemente un hombre. Nunca olvides que llegará el momento de morir. La muerte forma parte de la vida, marca el momento de llegada en el que has de estar satisfecho con lo que has hecho. No temas ese momento, afortunadamente el hecho de vivir no es eterno. Será inevitable la tristeza por todos aquellos que dejas atrás. Que la despedida no te llegue con perdones sin pedir. No somos perfectos, con frecuencia recordarás tus errores, el paso del tiempo te hará imposible corregirlos pero al menos muestra que has sido consciente de ellos y que esa conciencia te ha otorgado la humildad suficiente como para llegar al final con la generosidad necesaria como para disculpar los agravios recibidos y pedir disculpas por los realizados. En la vida harás daño sin desearlo, incluso queriendo a la otra persona, que las lágrimas que puedas verter por ello sirvan para recibir esa indulgencia. Que cuando te vayas el recuerdo que quede de ti en los otros sirva para endulzar tu ausencia y pueda orientar en parte su camino.


Memento morí, recuerda que eres mortal, simplemente un hombre. Grábatelo en ti.